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La Confusión de las Lenguas

OSWALD WIRTH

La Franc-Masonería no se ha encuadrado en todas partes en un formulismo igual y rigurosamente inmutable. Los siglos pasados están lejos de haberle legado, en materia de ritos y de símbolos, una herencia intacta. La Masonería moderna, no ha recogido sino una pobre herencia, compuesta de un conjunto de tradiciones inciertas, incomprendidas y por lo tanto sumamente desfiguradas.
Sobre datos inseguros y a veces engañosos, ha sido necesario construir, reconstituyendo, guiado por un vago instinto de arquitectura, más que por una ciencia verdaderamente luminosa.
En estas condiciones, las fórmulas Masónicas se han desarrollado de diversas maneras, según las razas y los países. Por esta causa nos encontramos actualmente en presencia de una serie de Masonerías, que concluyen por no tener semejanza entre ellas.
Por lo tanto, después de haberse diversificado, ahora es necesario que la Masonería universal, estrictamente una en su principio, sea progresivamente llevada a la unidad de un sistema racional de trabajo. Es altamente deseable que la Masonería del mundo entero llegue a ponerse de acuerdo, para practicar en todas partes usos, sino absolutamente idénticos, al menos semejantes y concordantes.
Semejante unificación no puede inspirarse sino en un profundo estudio del simbolismo. Todo lo que se hace en Masonería, debe poderse justificar lógicamente. Los ritos que se apoyan en buenas razones deben ser mantenidos; pero conviene reformar categóricamente todo lo que tiene por fundamento la fantasía, por no decir el error.

Escuadra y Compás

OSWALD WIRTH

Cuando la Estrella Flamígera está asociada a la .Escuadra y al Compás, estos instrumentos la encuadran, generalmente, de tal manera que la Escuadra se abre hacia abajo, mientras que el Compás está hacia arriba.
La Escuadra, en este caso, es pasiva o receptiva y el Compás, activo. Representa la radiación que emana de la razón para apreciar los hechos, para medir la relación establecida entre el Yo y el No Yo, entre lo objetivo y lo subjetivo, entre lo abstracto y lo concreto, etc.
Es, desde luego, triple, puesto que se compone de dos brazos movibles y la cabeza que es fija.
La Escuadra, por el contrario, es doble en sus dos brazos que representan todos los antagonismos, y muy especialmente, el derecho y el deber.
Gráficamente puede sernos representada bajo ocho aspectos diferentes. Indicados por las figuras que siguen:
La segunda es una doble Swástica, figurando la rueda de la creación, del porvenir o del movimiento universal. Las Escuadras cuyos brazos son verticales y horizontales (1, 3, 5, 7) corresponden a los Elementos (Aire, Agua, Tierra, Fuego), y las Escuadras oblicuas (2, 4, 6, 8) a las cualidades elementales (Húmedo, Frío, Seco, Caliente).
Sin detenernos aquí, en estas concordancias, que no encuentran aplicación en Masonería, nos limitaremos a hacer resaltar la posición inacostumbrada de la Escuadra y del Compás en el Cuadro de Compañero.

El Cuadro Mágico de Saturno.

OSWALD WIRTH

Estos cuadros disponen los números en forma que su suma, en cualquier sentido, aun diagonal, dan siempre una misma cantidad. Su estudio preocupó mucho, en otros tiempos, a los investigadores del misterio. Nosotros volveremos a esto en el Libro del Maestro.
Hacemos notar simplemente, que, dispuestos en tres maneras, según su orden normal, los 9 primeros números toman significados particulares, en los que se han inspiradolos Kabalistas para la construcción del Árbol de las Sephiroth, destinado a juntar el cielo con la tierra, lo abstracto con lo concreto, lo infinito con lo finito.
A este respecto se pueden ver las siguientes relaciones:
1, 2, 3, Espíritu (intelectualidad, pensamiento).
4, 5, 6, Alma (sentimentalidad, voluntad).
7, 8, 9, Cuerpo (fuerza motriz, acción).
Por otra parte 1, 4, 7, son masculinos; 2, 5, 8, femeninos; 7, 8, 9, neutros.

La Tabla de Dibujo

OSWALD WIRTH

Está reservado a los Maestros levantar los planos, pero para que el Compañero pueda realizar la ejecución de su trabajo, es preciso que conozca el dibujo y que la Tabla de dibujo no le sea desconocida. Esta plancha, lleva comúnmente los signos, con los cuales se construyen los alfabetos masónicos caracterizados por el hecho de que están formados, invariablemente, de elementos rectangulares.
Las variantes son numerosas, pero la base es siempre la misma. En el siglo XVIII, la combinación más comúnmente usada fue la siguiente:

¿Somos Hechiceros?

OSWALD WIRTH

Si hubiéramos de creer a nuestros adversarios, seríamos magos negros entregados a las más espantosas prácticas: sacrilegios, asesinato por hechizos, invocación del diablo, aquelarres, orgías, etc. Ninguna acusación nacida de una fantasía delirante nos ha sido perdonada: toda una literatura especial da fe de ello. Los primeros cristianos gozaron también de tan mala reputación, porque, como nosotros, se reunían a “cubierto” y el despecho de los profanos los lleva siempre a interpretar como malo lo que pasa al abrigo de su indiscreción. Si fuéramos hechiceros, aún en el sentido menos malévolo de la palabra, deberíamos buscar la manera de desarrollar ciertas facultades llamadas “psíquicas”. Nuestras logias serían escuelas de magia práctica, con clases de magnetismo humano, como lo soñaba Mesmer, o de videncia, según los procedimientos de Cagliostro, de Puységur o de los ocultistas contemporáneos.
En realidad, los Franc-Masones no se interesan especialmente por el ocultismo, el que no estudian sino desde el punto de vista de llevar a todos los dominios sus investigaciones incesantes en busca de la verdad. Nunca se han presentado como taumaturgos y sus secretos no tienen nada de común con los del Grande o el Pequeño Alberto.
Pero, ¿No haremos magia inconsciente, bajo la influencia misteriosa de una potencia sobrenatural cuidadosamente oculta?. Aquí entramos en los dominios de la fe ciega donde la razón pierde sus derechos.
Sin embargo, como el error no es nunca absoluto, conviene rebuscar el grano de verdad que puede disimularse bajo el hacinamiento de las peores extravagancias. Todo no es límpido en nuestros usos y somos muy capaces de entregarnos candorosamente a ritos sospechosos. Así es como los antiguos Masones estaban lejos de sospechar que se entregaban bien y bonitamente a una operación mágica, procediendo a la transmutación instantánea de la más banal de las cámaras en un templo real, adecuado para la verificación de su culto.
Después de haberse puesto al abrigo de toda indiscreción profana, los adeptos del Arte Real ciertos ya de estar únicamente entre ellos, encargaban al H∴ Experto trazar, con tiza o carbón, un rectángulo en medio del pavimento. El espacio así delimitado se hacía inmediatamente sagrado, nadie debía poner ya ahí su pie. Para acentuar el alcance de este cuadrilátero reservado, que no se diferenciaba de los famosos círculos mágicos sino en su forma circular, se dibujaban en él símbolos significativos. Un pequeño triángulo equilátero, flanqueado de los signos del Sol y de la Luna, se trazaban a la cabeza del rectángulo reservado, al centro del cual estaba figurada una Estrella radiante que dominaba dos columnas marcadas J∴ yB∴. Concluido el trazado misterioso, los útiles de la Masonería eran puestos en el interior del cuadrilongo, en el que la escuadra, compás, nivel, hilo a plomo, cincel, mallete, plana, tenían un sitio previsto. Durante estos preparativos, el H∴ Maestro de Ceremonias había arrimado a los bordes del rectángulo tres grandes candelabros que llevaban cirios que estaban reservados al Maestro y a los dos vigilantes encender sucesivamente. Cuando brillaba la luz del Oriente, el Maestro pronunciaba gravemente: “Sabiduría dirige nuestra construcción”; desde que el Occidente se iluminaba a su turno, el Primer Vigilante exclamaba con una voz firme: “Fuerza, anima nuestro trabajo”; en fin, cuando la tercera llama iluminaba el Mediodía, el Segundo Vigilante decía suavemente: “Belleza adorna nuestra obra”. Después, una vez que cada uno había ocupado su puesto, el Maestro invocaba al Gran Arquitecto del Universo, antes de declarar abiertos los trabajos.
Desde el Cristianismo, esta invocación no ha sido más que una simple plegaria, como se dice en las iglesias; pero como todo el ceremonial es francamente evocador, está fuera de duda que, primitivamente, los Masones abrían sus trabajos por una evocación mágica que tenía por efecto conjurar al dios de los constructores, para constreñir a este espíritu a condensarse invisiblemente en medio de los que hacían llamado a su inspiración. Debían, entonces, figurarse al Gran Arquitecto del Universo como presente entre ellos.
Supongamos ahora que semejantes ritos sean celebrados con convicción. De hecho la Logia improvisada, abierta en cualquier parte, toma un valor iniciático del cual no participan nuestros locales masónicos lujosamente preparados, decorados según las exigencias del sabio simbolismo, pero fríos, muertos, inanimados.
Es una magia que no deberíamos descuidar. No se trata de menudos juegos de manos, ni aún “psíquicos”, porque el mandil masónico no está destinado a transformarse en bolsa de doble fondo. Nuestros misterios se relacionan con una magia superior, extraña a todos los vanos prestigios, y no realizaremos nuestra Grande Obra sino recuperando la Palabra Perdida.
Agreguemos que la Espada, inútil para los constructores, es un arma mágica, temible para los fantasmas, como lo muestra Homero en la Odisea, cuando canta a su héroe que evoca la sombra del divino Tiresias.
Sepamos manejar este acero y ninguna calumnia podrá alcanzarnos.

La Filiación Masónica

OSWALD WIRTH

Las instituciones primitivas, de que se ha tratado más arriba, se han transformado, según las circunstancias, en asociaciones políticas religiosas o sociales de una inmensa variedad de formas. No tomando en cuenta sino la “mise en scene” y el ceremonial aún en boga entre los salvajes actuales, se distinguen seis grupos de instituciones que derivan de los usos más antiguos.
A la cabeza vienen las sociedades secretas político-mágicas, compuestas de hechiceros, adivinos y de curanderos más o menos convencidos. A menudo cultos, proscritos, considerados como inmorales, se perpetúan secretamente y dan lugar a sábados como los de la Edad media. Sucede también que estas corporaciones no carecen de seriedad, al menos en cuanto a las pruebas que imponen a los aspirantes. Los Pieles Rojas proceden bajo este respecto a verdaderas iniciaciones2
En segundo lugar vienen las ceremonias de tribus, que se ligan al culto del hogar familiar y de los antepasados. De esta fuente derivan a menudo las pompas oficiales y las religiones del Estado. Estas ceremonias tuvieron tal importancia en la antigüedad que Fabio, en plena campaña contra Aníbal, creyó de su deber dejar el ejército para ir a ofrecer, en su tiempo y lugar, los sacrificios prescritos por tradiciones de la familia fabiana, de la cual él era el Jefe.
En la tercera categoría entran todas las hermandades religiosas que imponen un noviciado preparador para una vida espiritual inaccesible al común de los mortales. La perfección moral es el objeto que persiguen estas instituciones, sean ellas cristianas, budistas o musulmanas; pero cometen el error de colocarse aparte de la gran corriente de la vida normal; así su obra es estéril o, por lo menos, desproporcionada en sus resultados al esfuerzo desplegado y a los sacrificios aceptados.
En cuarto lugar, se colocan los misterios de la antigüedad, cuyo objetivo esencial era la búsqueda de las verdades ocultas. Los adeptos eran instruidos, bajo el sello del secreto, en nociones que habría sido peligroso esparcir públicamente.
Bajo el quinto rubro se colocan las confraternidades formadas por los hombres que ejercen una misma profesión. La arquitectura dio lugar, a este respecto, a las primeras agrupaciones, como lo prueban los arquitectos dionisianos del Asia Menor, los colegas constructores romanos y los hermanos pontífices, especialmente encargados de la construcción de los puentes. La Edad Media generalizó la organización de los oficios, basando toda la vida municipal sobre el régimen corporativo.
Quedan por mencionar las asociaciones filantrópicas y las mutualidades que son muy antiguas. De esta manera los Romanos se fijaban cuotas para asegurarse, a su fallecimiento, el cumplimiento de los ritos funerarios, conformes con sus creencias3 .
La Franc-Masonería moderna no se adhiere a una sola y única de estas categorías, porque ya no es posible hacerla entrar en la quinta, puesto que ha cesado de ser una corporación de artistas constructores. En ella se sintetizan tendencias múltiples, aunque por ciertos lados nuestra institución se relaciona a cada una de las categorías encaradas por los sociólogos.
Importa, sin embargo, establecer las distinciones necesarias, aunque no sea sino para caracterizar la confraternidad masónica.

Costumbres Inglesas

OSWALD WIRTH

Los trabajos en una Logia Anglo-Sajona no se declaran abiertos sino cuando los siete oficiales están en sus puestos. Este septenario es el siguiente:
1.- El Venerable Maestro, que se sienta al Oriente, donde el Sol se levanta para abrir la carrera del día, preside la apertura de los trabajos y los dirige con el propósito de hacer trabajar a todos los hermanos y asegurar su instrucción.
2.- El 1er. Vigilante, cuyo lugar está en el Occidente, tiene la misión de indicar cuando el Sol está poniéndose, cerrando los trabajos por orden del Venerable Maestro, después de haberse cerciorado que todos los hermanos han recibido su salario.
3.- El 2do. Vigilante, sentado en el Medio Día para observar el paso del Sol por el Meridiano, está encargado de llamar a los hermanos del trabajo al reposo y del reposo al trabajo, para su mayor provecho y placer.
4.- El 1er. Diácono (Maestro de Ceremonias), que se coloca a la derecha y cerca del Venerable Maestro, a fin de llevar sus órdenes o mensajes al 1er. Vigilante y esperar después, cerca de él, la vuelta del 2do. Diácono.
5.- El 2do. Diácono, ubicado a la derecha del 1er. Vig∴ para llevar al 2do. Vig∴ todos los mensajes y órdenes que mande el Venerable Maestro y para velar por la ejecución de las órdenes dadas.
6.- El Guarda Templo, colocado en el interior, a la entrada del Templo, tiene la misión de admitir a los Masones que han sido retejados, de recibir a los candidatos en buena forma y de obedecer las órdenes del 2do. Vig∴.
7.- El Guardia Exterior (Experto) de facción en el exterior de la puerta, donde, armado de una espada desnuda, debe alejar todo intruso o profano y velar porque los candidatos sean convenientemente preparados.
El ritual inglés no provee los oficios de Orador, de Secretario, de Tesorero y de Hospitalario, porque se remonta a una época en que siete Maestros podían constituir de propia autoridad una Logia justa y perfecta, conformándose a las tradiciones masónicas y sin solicitar poderes especiales de una administración central, no establecida todavía.
Una Logia, perfectamente regular, podía nacer así para efectuar una iniciación y disolverse en seguida para siempre. En estas condiciones, no tenía razón de ser el Orador, Secretario, Tesorero y Hospitalario.
Al organizarse definitivamente la Masonería moderna, se agregaron dos nuevos oficiales al antiguo Septenario operativo: el Secretario y el Tesorero que, en las Logias Anglo-Sajonas, se sientan en el Oriente, el primero a la izquierda (Sur) y el segundo a la derecha (Norte) del Venerable.
El Secretario se encarga de las actas, de la correspondencia, de registrar las cotizaciones y de llevar una minuciosa contabilidad.
El Tesorero se limita a recibir el dinero recogido por el hermano Secretario y hacer los pagos ordenados por el Venerable y autorizados por la Logia.
Los hermanos que no desempeñan ningún oficio toman colocación en el Norte, en el Occidente y en el Sur y, lo mismo que los Oficiales, deben concurrir a Logia en traje de etiqueta: traje negro y guantes blancos, observando durante los trabajos la más silenciosa y correcta actitud y sin conversar entre ellos, ni aún en voz baja. Esta rigurosa disciplina da a los Trabajos de ritual en los Logias inglesas una solemnidad imponente que impresiona muy favorablemente.
En toda Logia Anglo-Sajona se coloca sobre el altar situado delante del Venerable Maestro, la Biblia, la Escuadra y el Compás. Además, tres grandes candelabros están dispuestos en derredor del tapiz oblongo extendido sobre el piso que representa el pavimento mosaico y corresponden a los tres pilares que sostienen la Logia la Sabiduría (Oriente), Fuerza (Occidente) y la Belleza (Medio Día).
En las Logias inglesas, las dos Columnas B∴ y J∴ están representadas solamente en miniatura sobre el altar de cada uno de los dos Vigilantes, y en el momento de abrirse los trabajos, el 1er. Vigilante levanta su columna, dejando el 2do. Vigilante la suya tendida, para no levantarla si no cuando se ordene la suspensión de los trabajos.
El 1er. Vigilante, abate su columna cuando el 2do. Vigilante levanta la suya y viceversa.
El trabajo se efectúa así, en Logia, bajos los auspicios de la Columna J∴, que es de orden dórico (ardor operante) y la reparación de las fuerzas se efectúa bajo la influencia de la Columna B∴, que es del orden jónico (pasividad respectiva).

Las Artes

OSWALD WIRTH

Puesto que el Compañero debe afinar su sensibilidad, es bueno dirigirlo hacia el perfeccionamiento de su educación artística, la apreciación de lo bello, ayuda a la comprensión del Bien. El Arte se dirige hacia el alma que emociona, haciendo entrar el yo en comunicación de armonía con el exterior. La emoción artística establece un lazo poderoso entre todos aquellos que la experimentan. Una común admiración acerca a los hombres, mejor aún que los intereses materiales más directos. El Arte tiene, pues, una misión religiosa en el sentido más elevado de la palabra. El Artista es el intérprete o el sacerdote de lo Bello, y nos revela el Ideal, es decir, la realidad subjetiva que está en nosotros y que nosotros desearíamos objetivar.
Sin embargo, no conviene recargar el ritual del grado de Compañero con asuntos o temas que no tienen sino relación indirecto con él. Más valdría atenerse a la interpretación de los símbolos tradicionales, las herramientas, la Estrella Flamígera, la letra G y la glorificación del trabajo, son temas dignos de inspirar a los oradores encargados de instruir a los recipiendarios. No es posible descuidar lo esencial por lo accesorio y aún por lo superfluo. Bajo el pretexto de perfeccionar el ritual y de completarlo, se ha llegado a menudo, a embrollarlo con una palabrería inútil o al menos fuera de lugar.
¿Cuántos discursos se pronuncian en Logia de Compañero que podrían pronunciarse sin el menor inconveniente a profanos y aún a niños?. Los Iniciados tienen derecho a oír otra cosa.

Los Cinco Órdenes de Arquitectura

OSWALD WIRTH

Las iniciaciones que desarrollan la individualidad, fortificando la razón y la voluntad, son llamadas masculinas o dóricas. Aquellas que, al contrario, hacen referencia a la imaginación, al sentimiento y la intuición son consideradas como femeninas o jónicas. A las primeras, o sea el grado de Aprendiz, les corresponde el orden dórico, lo mismo que el orden jónico corresponde a las segundas, esto es, al grado de Compañero. Un acercamiento se impone en seguida entre el grado de Maestro y el orden corintio. Pero el orden compuesto, no corresponden a nada iniciáticamente. La Masonería filosófica no tiene, pues, que preocuparse de ellos.

Los Cinco Sentidos

OSWALD WIRTH

El ritual del grado de Compañero ha sido de continuo aumentado con disertaciones profanas, sacadas de cualquier manual de fisiología. Debía darse cuenta, sin embargo, hasta qué punto es ridículo asombrar a los Aprendices dándoles, aspectos de misterios, para revelar finalmente ciertas nociones absolutamente elementales sobre el mecanismo de los sentidos. Entrar en competencia con la Escuela primaria, es humillante para el segundo grado de la Franc-Masonería.
Si se quiere hablar de los cinco sentidos, cosa que no es indispensable en el grado de Compañero, a pesar del número cinco, es necesario a lo menos, considerarlos desde el punto de vista iniciático.
Las preguntas que se pueden hacer son las siguientes:
¿Hasta qué punto los sentidos nos revelan la realidad?.
¿Dónde comienza y dónde termina la ilusión de los sentidos?.
¿Cuál es su papel en la formación de nuestras ideas?.
¿Las ideas nos son sugeridas únicamente por los sentidos?.
¿Cuántos sentidos tenemos exactamente?.
¿Ciertos animales no parecen tener sentidos que nos faltan?.
¿Las personas intuitivas, no gozan de sentidos suplementarios?.
¿Conviene basar la búsqueda de cierto orden de verdades en el desarrollo de una
hipersensibilidad anormal?.
¿La sana clarividencia no será el resultado del equilibrado ejercicio de una razón firme y de una imaginación fecunda, en que la una controla las osadías de la otra?. ¿Un ser totalmente aislado, sin comunicación alguna con nadie, podría tener nociones de su existencia?. (Tal fue la situación del Creador, anteriormente a la creación).

Las Palabras Sagradas

OSWALD WIRTH

Ninguna reforma sería más urgente que aquella que se refiere a la palabras sagradas de los dos primeros grados. Es absurdo que de una Obediencia a la otra, una misma palabra sirva algunas veces para los Aprendices y otras veces para los Compañeros. Por el interés del prestigio de la Masonería a los ojos de sus propios adeptos, será necesario examinar quién está errado o en la razón, para hacer desaparecer un indicio molesto de incongruencia y de desinteligencia.
Históricamente la divergencia se remonta a mediados del siglo XVIII y a la rivalidad de dos Grandes Logias que se excomulgaban recíprocamente en Inglaterra (Libro del Aprendiz). Cada una de ellas tenía su sistema y según que los fundadores de las Logias provenían de una Gran Logia o de otra, acreditaban en los diversos países ritos masónicos contradictorios. En Francia, ningún ritual del siglo XVIII conoce lo que se llamó después la intervención escocesa, (Las innovaciones llamadas “escocesas” no tocaban primitivamente a los grados simbólicos: los “escoceses” se contentaron al principio en superponer a la Maestría grados superiores, pretendidos “escoceses”, cuando ellos eran de invención puramente francesa). J∴ era entonces incuestionablemente la palabra de los Aprendices y B∴ la de los Compañeros; la marcha se ejecutaba, por otra parte, con el pie derecho y no con el izquierdo.
Ninguna razón buena o mala, ha sido dada hasta aquí, en favor del pie izquierdo. En cuanto a la marcha con el pie derecho, se justifica por el hecho que el derecho simboliza la actividad, la iniciativa y el razonamiento; mientras que la pasividad, la obediencia y el sentimiento se relacionan al izquierdo. Es, pues, el pie derecho el que lógicamente debe llevarse adelante, apoyado por el izquierdo, cuyo papel es el de seguir.
La cuestión es más compleja en lo que concierne a J∴ y B∴. Nadie niega, es cierto, el verdadero valor simbólico de las dos palabras. Masculino-activo, J∴ corresponde al Fuego, al Azufre de los Alquimistas, al principio de la iniciativa interior o individual, por lo tanto, es precisamente su energía interna, su Fuego o su Azufre que el Aprendiz debe utilizar en su trabajo para vencer los Elementos y llegar a ver la Luz iniciática. J∴ parece, pues, ser la palabra sagrada que le conviene.
Recalquemos, desde luego, que se le pide al Aprendiz ser “activo”, no exteriormente, pero si “interiormente”. No debe comportarse como un alumno dócil que escucha y asimila una enseñanza que sus maestros se esfuerzan o se apresuran en inculcarle. La Franc-Masonería abandona este procedimiento a las iglesias y a las escuelas profanas. Su papel no es el de formar creyentes o adocenados, si no pensadores estrictamente independientes, y no puede hacerlo, si no estimulando la iniciativa individual

(Azufre ).
También permanece sistemáticamente silenciosa delante del Recipiendario, lo interroga, obligándolo a reflexionar, y para instruirlo, le muestra los símbolos, cuyas significaciones no le son más que ligeramente indicadas, pues el individuo no se inicia sino esforzándose por sí mismo en atravesar la noche del misterio. En suma, el programa del grado de aprendiz coincide con el desenvolvimiento de la energía viril en el doble dominio de la razón y de la voluntad. El Aprendiz toma posesión de sí mismo por el hecho de que triunfa de todos los transportes irreflexivos. Es un sabio bien equilibrado que no hace sino lo que desea inspirándose en una razón lúcida y calmada.
Parece, a primera vista, que no pudiera pedir nada más allá de semejante sabiduría y, sin embargo, ¿Qué sería del mundo si fuera compuesto sólo de semejante filósofo?. Erasmo, nos ha dejado un “Elogio de la Locura” que demuestra admirablemente la insuficiencia de la sola iniciación masculina o racional. Lo que hay en nosotros de mejor y de más noble, es precisamente, lo que no es razonado. Sólo los ímpetus del corazón nos llevan a la abnegación, al heroísmo. Todo lo que es verdaderamente grande, es el fruto del ensueño, de la imaginación, de una locura sublime y de un olvido de sí.
Además todas estas cosas se refieren a la Iniciación femenina o jónica, que cultiva las facultades imaginativas y el sentimiento, de aquí B∴, palabra sagrada de los Compañeros.
Estos, en efecto, no deben contentarse con permanecer en posesión de ellos mismos y de practicar así una sabiduría egoísta, insuficientemente eficaz. Están llamados a desarrollar una actividad más grande que aquella de los Aprendices que, no son activos sino interiormente, en otros términos, sobre ellos mismos, puesto que deben trabajar en su propia transformación de Piedra bruta en Piedra cúbica.
Pero, la inactividad exterior del Compañero, se agotaría rápidamente si no se sabe renovar sus fuerzas, convirtiéndola en receptiva o pasiva, a fin de beneficiarse del reconfortamiento prometido a aquellos que se acercan a la Columna B∴, cuyo nombre significa “Contigo a la Fuerza”.

Las Ocho Posiciones de la Escuadra.

OSWALD WIRTH

El Compás abierto, las dos puntas hacia arriba, implica un estudio racional, no de la tierra o de los hechos objetivamente comprobables, sino del cielo, exigiendo una investigación rigurosa y precisa de los principios abstractos. La iluminación no es, en otros términos, prometida al Compañero, sino cuando sepa buscarla en el encadenamiento de los teoremas particulares de la Geometría Platónica.
En cuanto a la Escuadra, que refleja en lo alto la radiación de la Estrella Flamígera, para devolverla hacia abajo y concentrarla en sí misma, hace alusión a la absoluta rectitud de juicio, indispensable a los idealistas, muy fácilmente expuestos a extraviarse en lo irreal, por lo que, es preciso siempre, continuar la realización práctica.

Espada y Plana

OSWALD WIRTH

Parece extraño ver figurar entre los símbolos esencialmente pacíficos de la Franc-Masonería un arma de lucha o de defensa individual. Así se ha preguntado, si la Espada estaba verdaderamente en su lugar en una Logia Masónica. Una costumbre muy antigua prescribe, sin embargo, colocar delante de la puerta del Templo un Hermano encargado de alejar a los profanos, armado con este objeto de una espada desnuda. ¿No hace también la Biblia guardar la entrada del Paraíso por dos querubines armados con una espada que la hacían blandir en un círculo de fuego?. (Génesis, cap. III, vers. 24). Los traductores alejandrinos del texto hebreo, han creído que se trataba de una espada ondulante o flamígera, sin duda, porque un arma semejante debía serles conocida. Pues, ningún guerrero antiguo se preocupó de hacerse forjar una espada flamígera, muy poco práctica bajo el punto de vista militar. Si este instrumento ha existido, no ha podido tener sino un valor puramente simbólico. La ondulación se refiere, en efecto, a un movimiento que transforma la espada rígida en un arma viviente, símbolo de la irradiación del pensamiento y del Verbo. Es en este sentido que el Apocalipsis (cap. XIX, 15 y 21) hace salir una espada cortante de la boca de un caballero montado en un caballo blanco. El pensamiento iniciático, formulado o no, pero vivo, es desde luego el que aleja a los profanos.
Lo que no está de acuerdo con su mentalidad lo repudia; rechazan instintivamente lo que ellos no sabrían comprender. En Masonería todo está combinado para impedir el avance de los individuos indignos de la institución. Los espíritus superficiales se sienten molestos por costumbres que les parecen ridículas, porque ellos son incapaces de comprender su alcance. Si ellos se encuentran por error en el seno de la institución, no tardarán en eliminarse por su propia iniciativa, porque no se encontrarían en su lugar.
Sin que se den cuenta estos elementos inasimilables, son alejados por la acción misteriosa de la espada simbólica, emblema del Verbo Masónico considerado en su papel protector y conservador del carácter propio de la Franc-Masonería.
En Magia, la punta de una espada impone respeto a las larvas y disuelve las coagulaciones fluídicas fantasmales.
Para el que no es esclavo de la letra muerta, esto significa que, una razón vigilante no será burlada por los espejismos de la imaginación. Ya que incumbe al Masón combatir el error, es preciso que esté armado de una espada espiritual que destruya los prejuicios, desbarate las combinaciones mentirosas y desvanezca las fantasmagorías malsanas.
Pero la Espada destructora está siempre en la mano izquierda del Masón, puesto que es para él un arma defensiva, que no esgrime sino por necesidad, mientras que, con la derecho trabaja infatigablemente con la Plana.
Este instrumento sirve para hacer la mezcla destinada a cimentar las piedras del edificio para realizar la unidad. Mientras que la Espada corta, separa y divide, la Plana reúne, fusiona y unifica. Es pues esencialmente el emblema de los sentimientos de bondad esclarecida, de fraternidad universal y de la gran tolerancia que distingue al verdadero Masón. La Plana, es por esto, la insignia más apropiada del Francmasón moderno, al mismo tiempo que el símbolo más característico de nuestra institución universal, filosófica y moralmente constructiva. Tal como está representada en el cuadro místico, corresponde al ideograma alquimista representando el término de la Gran Obra. El Compañero experto en el arte de manejar la Plana, puede dejar en efecto, aspirar a la Maestría, pues no puede dejar de estar imbuido de un espíritu profundamente Masónico.

Cuadro Místico del Grado de Compañero. Las Tres Ventanas

OSWALD WIRTH

La Logia de Aprendiz, no recibe ninguna luz de afuera, recuerda en esto las criptas subterráneas o cavadas en el flanco de las montañas, los hipogeos (sepulcros subterráneos) del Egipto o de la India, la caverna de las iniciaciones mitriacas, el antro de Trophonius, etc.
La Logia de Compañeros, por el contrario, está en comunicación con el mundo exterior, gracias a las tres ventanas simbólicas, que se suponen abiertas una al Oriente, otra al Medio Día y la tercera al Occidente.
La primera se ilumina con los rayos del Sol naciente que disipa las tinieblas. Esta luz combativa, corresponde a la razón juvenil, atacando los viejos errores y los prejuicios tenaces. Es una lógica disolvente, destructiva de todo lo que no está debidamente cimentado.
Por la ventana del Medio Día, entra la plena luz del día, que reduciendo la obscuridad al mínimum, muestra las cosas tales como son en su realidad brutal. Es la observación rigurosa y positiva de los hechos científicamente determinados.
Los fuegos del sol poniente se reflejan, en fin, en la ventana del Occidente. Ricos colores manifiestan entonces, lo que merece sobrevivir del pasado. La Razón, en efecto, no se contenta con rechazar el error (Oriente) y con comprobar la verdad objetiva (Medio Día) sabe también hacer justicia a los pensadores desaparecidos, sacando de las antiguas tradiciones lo que encierran de verdadero.

El Cuadro Místico

OSWALD WIRTH

Primitivamente cualquier lugar cerrado y rectangular podía transformarse en santuario Masónico. Con este objeto se colocaba un sillón delante del muro opuesto a la puerta de entrada y dos asientos a cada lado de ésta, después se trazaba en el suelo, con tiza, un cuadrado largo en el interior del cual se dibujaban a la ligera los emblemas esenciales de la Franc-Masonería.
Correspondía al Maestro de ceremonias trazar este cuadro cuando se abrían los trabajos y borrarlo cuidadosamente, con una esponja mojada al cerrarse. Se encontró en seguida más fácil extender sobre el piso de la Logia una tela pintada de antemano. Tradicionalmente los Aprendices, deberían hacer su viaje alrededor de este rectángulo místico, que encerraba los símbolos propuestos a su meditación. Este uso sólo se ha conservado en Francia para la recepción en el grado de Compañero.
El Cuadro o tapiz extendido en el centro de la Logia debe, según los términos de los antiguos rituales llamar la atención sobre los siguientes emblemas:
1.-Las siete gradas del Templo y el pavimento mosaico de su pórtico.
2.-Las dos Columnas B∴ y J∴, y entre ellas, a la altura de los capiteles, un Compás abierto con las puntos hacia arriba.
3.-A la izquierda de la Columna B∴ la Piedra bruta, el Mallete, el Cincel, la Palanca y la Regla; a la derecha de la Columna J∴ la Piedra cúbica y entre las dos columnas la puerta del Templo.
4.-Encima del capitel de la Columna J∴, el Nivel; encima de la Columna B∴, la Perpendicular. 5.-En medio y en la abertura del Compás, la Estrella Flamígera, que lleva en su centro la letra G. 6.- Sobre la Estrella Flamígera una Escuadra, con el Sol a la derecha, y a la izquierda la Luna, y sobre ésta la Tabla de dibujo. 7.- La parte superior representa un Cielo tachonado de estrellas por entre los cuales serpentea la cuerda con nudos llamada Cadena de Unión. 8.- Tres Ventanas abiertas, la primera, al Oriente; la segunda, al Mediodía, y la tercera, al Occidente. Se agrega comúnmente una Espada y una Plana.

Las Dos Columnas - Logia del Compañero

OSWALD WIRTH

El simbolismo Masónico exige, desde luego, ser determinado en lo que concierne a la disposición interior del Templo. En el primer libro de los Reyes, capitulo VII, versículo 21, la Biblia nos enseña que las dos columnas de bronce, obra del fundidor Hiram, de Tiro, fueron erigidas a la entradadel Templo de Salomón, una a la derecha bajo el nombre de b y la otra a la izquierda bajo
el de y .
Nunca ha habido duda sobre el sexo simbólico de estas dos columnas, la primera está suficientemente caracterizada como masculina por el YOD inicial que la designa comúnmente. Este carácter hebraico corresponde, en efecto, a la masculinidad por excelencia.
BHETH, la segunda letra del alfabeto es considerada, por otra parte, como esencialmente femenina, pues su nombre significa casa, habitación, de ahí la idea de receptáculo, de caverna, de útero, etc. La columna J∴ es pues, masculina-activa y la Columna B∴, femenina-pasiva. El simbolismo de los colores exige, en consecuencia, que la primera sea roja y blanca o negra la segunda.
Si estas dos columnas no hubieran sido transportadas al interior del Templo, sus colocaciones no serían dudosas, ya qua la Biblia coloca J∴ a la derecha y al Sur, y B∴, a la izquierda, al Norte. Esta disposición ha debido ser respetada en el momento de la colocación de las columnas, pues J∴ corresponde al Sol y B∴ a la Luna, pues en el Oriente el primero de estos astros resplandece al Sur, mientras que el segundo brilla al Norte.
Se puede suponer, y es cierto, que estas correspondencias se crucen diagonalmente. Los dos sistemas son, pues, admisibles, pero a condición que los dos Vig∴, el primero se siente siempre cerca de la Columna J∴ y el segundo de la Columna B
∴, pues el Nivel y la (J∴ activo-macho) y al Mercurio (B∴, pasivo-femenino). Corresponde, en consecuencia, al ler. Vig∴ examinar a los Aprendices y acordarles sus salarios, autorizándolos a pasar de la Perpendicular al Nivel.
Perpendicular que decoran a esos oficiales se refieren al Azufre

La Cuerda con Nudos

OSWALD WIRTH

Si hemos de creer a un Masón que ha estudiado particularmente las antigüedades germánicas, muchas de nuestras tradiciones tendrían sus raíces en un pasado muy antiguo.
Así, la Cuerda que rodea la Logia, partiendo de una de las columnas de la entrada para terminar en la otra, correspondería exactamente al cordón que circunscribía el recinto reservado a las Asambleas, a la vez políticas y judiciales de los Germanos.
Estas asambleas se celebraban al aire libre, en un lugar consagrado, muy a menudo
en una eminencia natural o artificial. El lugar escogido estaba circunscrito por lanzas o estacas enterradas en la tierra y amarradas por una cuerda sólidamente anudada a estos soportes. El recinto así constituido, se consideraba sagrado. Aquel que hubiere querido pasar bajo la cuerda para entrar o salir se habría hecho culpable de un sacrilegio y habría sido, seguramente, sacrificado a las divinidades de la horda o del clan. Para participar en la asamblea, era necesario pasar por entre las dos estacas donde estaban atadas las extremidades de la cuerda. Aquí se colocaba un heraldo, que tenía por misión oponerse a la entrada de las personas no calificadas.
Sólo los hombres nacidos libres eran admitidos. Debían obligatoriamente estar revestidos de sus armas, colgadas en la cintura, en forma de delantal, pues, entre los pueblos aficionados a combatir desnudos, el equipo de guerra podía, en rigor, servir de vestimenta.
La Asamblea se abría a continuación de un cambio de preguntas y respuestas acerca de la hora, pues, debía comprobarse que el sol había llegado al meridiano, que era, pues, medio día, antes que el jefe, espada en mano, invitara a los asistentes a colocarse en orden o ponerse al orden. Es posible que ello se entendiera tomar una actitud convenida, alineándose todos regularmente. En el curso de los debates, la asamblea se pronunciaba sobre todos los asuntos de interés general o de derecho particular que hubieran surgido; ella decidía de la paz y particularmente de la guerra, ratificaba los tratados convenidos con los pueblos vecinos, etc.
Procedían también a la admisión en su seno de jóvenes llegados a la mayor edad y reconocidamente dignos de gozar de los derechos y prerrogativas de los hombres libres. Estos recipiendarios eran ante todo despojados de sus armas, de todos los metales, de sus adornos, de sus guantes, para ser en seguida, solemnemente armados y completamente equipados.
Como la escritura era entonces desconocida, la memoria debía detener todas las decisiones que tenían fuerza de ley. Una instrucción jurídica por preguntas y respuestas terminaba, en consecuencia, los debates de cada asamblea.
No se separaban sino a media noche, después de una comida, en que la carne de las víctimas sacrificadas era la que hacía el gasto. Un ceremonial reglamentaba estos ágapes sagrados, que se mezclaban con libaciones, la última en favor de los Compañeros desgraciados caídos en poder del enemigo. Este paralelismo con la Masonería, hace suponer que las confraternidades constructoras de la Edad Media, perpetuaban inconscientemente, costumbres paganas muy antiguas.
La importancia que damos al Mallete, podría, en efecto, relacionarse con dios Donar, especie de Júpiter tonante, en que todo jefe de familia se transformaba en sacerdote en el interior de la casa, donde los ritos familiares se cumplían con la ayuda del Martillo.

El Color de la Tapicería - Logia del Compañero

OSWALD WIRTH

Los Aprendices trabajan en un Taller que representa el Universo visible, tanto por su orientación y sus dimensiones simbólicas, como por sus tapicerías de color azul.
Este color se impone lógicamente, puesto que el cielo o techo y los muros del Templo corresponden a la bóveda azulada que envuelve la Tierra. No hay lugar, pues, a colgaduras rojas en una Logia de Aprendiz.
Aunque no hay nada de obligatorio, en esta materia, esta práctica se recomienda más para la Logia de Compañero. Esta en efecto no representa ya la inmensidad sin límites, sino que el campo de acción del espíritu Humano, dominio restringido, medido por la amplitud de nuestras irradiaciones mentales y psíquicas. Individual o colectiva, esta esfera de expansión resulta de una exaltación de nuestro Fuego interno, constructivo o realizador.

que, al arder, se exterioriza para constituir un ambiente ígneo con el cual concuerda el color rojo.

Es nuestro Azufre vital
se semeja al Nivel, insignia del 1er. Vig∴ que dirige la Columna J∴ supuesta roja y colocada al occidente y al sur de la puerta de entrada.
El signo del Azufre

Las Siete Gradas

OSWALD WIRTH

El aprendizaje duraba siete años, de aquí las siete gradas que había que subir para llegar hasta el grado de Compañero. Se ha visto también, en este septenario, una alusión a las siete artes liberales que el Iniciado debe cultivar, comenzando por:
La Gramática que le enseña a hacerse comprender y a expresar correctamente el pensamiento ajeno. Es preciso no tomar aquí la palabra en el sentido vulgar, pues es de presumir que un Maestro no tiene que aprender lo que se enseña a los niños de las escuelas primarias.
La Retórica se refiere en seguida al arte de llamar la atención de un auditorio y de impresionarlo por la forma feliz dada a las ideas expuestas. La Lógica pone en guardia contra toda falsa argumentación, y arma al pensador contra el error y la ilusión. La Aritmética se refiere aquí a la filosofía de los Números, fundamento de toda ciencia iniciática.
La Geometría enseña las leyes de la construcción universal. Aplicada al simbolismo, su método permite al espíritu humano, explorar con seguridad el dominio del misterio.
La Astronomía hace comprender al hombre lo que él es en relación con la inmensidad. La Música, en fin, revela las leyes de la armonía que gobiernan todas las cosas y según las cuales debe ajustarse la obra de la Franc-Masonería.

La Rosa Mística

OSWALD WIRTH

Este astro central no tiene el poder luminoso del Sol; su luz es dulce, nunca deslumbrante y siempre soportable. Se condensa desde luego en una especie de aureola que ha sido poéticamente comparada a una flor abierta y representada por una rosa de cinco pétalos.
Símbolo de la Quintaesencia y, en consecuencia, de lo más noble y elevado que tiene el hombre, la rosa está asociada a la cruz en un emblema que une el Cuatro y el Cinco, pero esta cuestión no se puede desarrollar aquí.
Efímera como la personalidad humana, la rosa agrada tanto por su perfume como por su gracia y su color. Si se acerca al rojo vivo es para hacer alusión a los sentimientos ardientes que animan al hombre que realmente se ha desprendido de todos los bajos instintos y pasiones egoístas.
El sacrificio se impone, en efecto, a las almas escogidas. Ellas no llegan a ser grandes sino prodigándose y esparciéndose en todas direcciones. Concentrándose en sí mismo, el egoísta se apoca psíquicamente: tiende hacia la nada. La generosidad, al contrario, engrandece nuestra personalidad, procurándole por esto un formidable poder de acción, pues las fuerzas que nosotros sacamos en el medio ambiente, son proporcionales a la extensión de nuestra esfera de exteriorizaciones afectivas. Quien no sepa amar, agota rápidamente las reservas de su energía individual, y después se quebranta y desaparece. Ocurre una cosa muy distinta en el individuo que prodiga afectos y no teme sacrificarse sin reservas. Semejante al Pelícano, él se sacrifico por otros, lo que tiene por consecuencia hacerlo vivir una vida más fructífera, más alta y general.