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El Poder Iniciático

OSWALD WIRTH

La voluntad ha sido comparada con el rayo, no sin razón, porque en el dominio de las fuerzas psíquicas, presenta más de una analogía con la electricidad. Es por esto que está permitido hablar de tensión volitiva, de corrientes anímicas, sensitivas o voluntarias y de un trabajo realizado por las ondas procedentes de nuestras vibraciones cerebrales.
A fuerza de concentrarse en sí mismo, los antiguos Iniciados habían terminado por penetrar a fondo los misterios de la psico-fisiología humana. Ellos creían, en particular, que la voluntad individual, débil y vacilante, no es sino una particularización de una voluntad más general, poderosa y fija.
Esta concepción debía conducir a la práctica de la “Teurgia” (comunicaciones con los dioses benéficos), es decir, al empleo y a la utilización efectiva del poder de los dioses, que era necesario representárselos como colectividades psíquicas. Para beneficiarse con este poder, para domesticarlo, si es permitido usar este término, basta en suma, haber realizado el ideal de la Piedra cúbica. Sed perfectos como miembros de la sociedad humana, y ésta concentrará sobre vosotros sus fuerzas disponibles. Es entonces cuando podréis desplegar toda la actividad fecunda de los héroes antiguos, que fueron Iniciados o verdaderos Compañeros.

Realización

OSWALD WIRTH

Si la Francmasonería se dedicara sólo a la especulación pura se quedaría en el dominio abstracto, sin compartir los males que acosan a la humanidad. Estos males tienen su repercusión sensible en el corazón de todo hombre generoso. El iniciado, en consecuencia, no se aisla del mundo, se guarda bien de imitar a los místicos egoístas que buscan la perfección lejos del contacto de la corrupción general, mucho menos comparte la indiferencia de los satisfechos que sólo tienden a gozar los favores acordados a unos pocos. El hombre de corazón se siente herido por toda iniquidad aun cuando no sea él una víctima directa. Desinteresarse de la suerte de otro es romper los lazos de solidaridad que une a todos los miembros de la familia humana. Y la fuerza de los individuos tiene su origen en la colectividad, de la que ellos forman parte. Separarse de aquella a que se está incorporado es entregarse a la muerte.
El egoísta que sólo quiere vivir para sí mismo, deja de participar de la vida general, se hace un cuerpo extraño en el seno del organismo humanitario, un elemento mórbido, una causa de enfermedad sociaL La francmasonería es una alianza universal dé hombres honrados que se consagran sin cera- mente al bien de todos. Una acción irresistible se ejerce sobre las voluntades débiles por la unión de un conjunto de fuertes voluntades. En este sentido hay que “querer la justicia”, porque lo que se quiere con persistencia y firmeza no puede dejar de obtenerse.

El Gabinete de Reflexión

OSWALD WIRTH

Para aprender a pensar, es necesario ejercitarse en aislarse y abstraerse. Esto se logra entrando en sí mismo, mirando “hacia adentro” sin dejarse distraer por lo que pasa “afuera”.
Los antiguos comparaban esta operación con un descenso a los infiernos. Para el pensador se trata de penetrar hasta el centro de las cosas, a fin de llegar a conocer su esencia íntima. Debe aprisionarse el espíritu de las entrañas de la tierra, hasta donde no se filtra ningún rayo del día exterior (según las nociones proporcionadas por los sentidos).
En el seno de estas tinieblas absolutas, la lámpara de la razón ilumina sólo unos fragmentos de esqueleto, que parecen evocar espectros.
Estos restos de osamenta figuran la realidad, tal cual aparece si se la despoja de su decoración sensible. Es la verdad brutal, privada del velo de las ilusiones, la verdad enteramente desnuda, que se oculta en el fondo de un pozo.
Este pozo, que termina en el centro del mundo, es el interior del hombre. A él se hace alusión en la palabra “Vitriol” cuya interpretación era un gran secreto entre los alquimistas. Las letras de que se compone les recordaba la fórmula:
“Visita Interiora Terrae Rectificando Invenies Occultum Lapidem” (Visita el interior de la tierra y rectificando (por purificaciones) encontrarás la Piedra oculta de los Sabios).
Esta piedra, la famosa Piedra Filosofal, no es otra cosa que la “Piedra cúbica” de los francmasones. Es la base de certeza que cada uno debe buscar en sí mismo, a fin de poseer la piedra angular (el núcleo de cristalización) de la construcción intelectual y moral que constituye la Gran Obra.
En los misterios de Ceres a Eleusis, el Recipiendario representaba a la semilla sumergida en el suelo, que sufría la putrefacción a fin de dar origen al nacimiento de la planta, virtualmente encerrada en el germen. El profano sometido a la “prueba de la tierra” está análogamente llamado a poner en juego, las energías latentes que lleva en sí. La iniciación tiene por objeto favorecer la plena expansión de su individualidad.

LA INICIACIÓN MASÓNICA Los tres Grados

OSWALD WIRTH

La Francmasonería tiende a formar Iniciados, es decir, hombres en la más alta acepción del vocablo. Se dedica a desarrollar al individuo, enseñándole a conquistar las más nobles prerrogativas de la naturaleza humana. De un ignorante y grosero ella hace un pensador y un sabio.
Pero una transformación como ésta no puede hacerse de improviso: exige un trabajo sostenido, que se verifica en tres fases.
Se trata, en primer lugar, de proceder a una especie de pulimiento intelectual y moral, que tiene por objeto desembarazar el espíritu de todo lo que impide que la luz pueda llegar hasta él. De ahí las “purificaciones” a que debe ser sometido el Aprendiz; ellas lo conducen a “ver” la luz.
Pero no debe contentarse con reconocer simplemente la verdad. Es esencial, sobre todo, actuar conforme a la razón. Es la manera de atraer la luz hacia sí e impregnarse totalmente de ella.
El simbolismo del grado de “Compañero” se refiere a esta “iluminación” propia del verdadero “Iniciado”.
El hombre verdaderamente iluminado que ha logrado saturarse de luz, se hace a su turno un foco luminoso. El irradia, él ilumina a los demás, se encuentra, por este hecho, revestido de la dignidad de “Maestro”.
De esta creación del hombre por sí mismo nace el hombre perfeccionado, o sea el “Hijo del Hombre” del Evangelio. El trabajo de este perfeccionamiento está representado por la “Gran Obra” delosfilósofosherméticos. El masón debe, pues, operar sobre sí mismo una trasmutación semejante a la de los alquimistas. El oro es el símbolo de lo puro y perfecto. Corresponde al “Aprendiz” realizar la primera parte de “La Obra de los Filósofos”: el Ritual del grado le traza un programa exacto de las operaciones que deberá efectuar con este objeto.

La Masonería Iniciática

OSWALD WIRTH

La exuberancia de vida, que se manifestó en el seno de la Masonería francesa del siglo XVIII, no debía traducirse sólo en hechos enojosos.
Estrechada en la aridez de las fórmulas inglesas, la Masonería no podía avenirse con el genio latino. La palabra iniciación significa para nosotros algo más que la simple revelación de los “misterios” que permiten a los masones reconocerse entre sí. Evoca un pasado prestigiosos, e induce al Masón moderno a realizar el ideal de la Iniciación antigua.
Precisamente un académico versado en los estudios de la antigüedad, el abate Terrasson, publicó en 1728 una memoria filosófica intitulada “Sethos” que tuvo numerosas ediciones. Este cuento, inspirado en las Aventuras del Telémaco, de Fenelón, tenía por héroe un príncipe egipcio, cuya educación se completaba bajo la Gran Pirámide. Ahí, en santuarios secretos preparados a propósito, todo aspirante a la suprema sabiduría debía, al decir del autor, sufrir las pruebas más horripilantes.
Comparando esta “mise en scene” dramática, - desde luego perfectamente imaginaria -, al ceremonial de las recepciones en uso en la Francmasonería, se llegó a no ver en esto más que una pálida reminiscencia de los antiguos misterios. Algunos reformadores se preocuparon, en seguida, de imprimir al ritual Masónico un carácter más en conformidad con las tradiciones iniciáticas. Debía tender a formar realmente Iniciados, es decir hombres superiores, pensadores independientes, libres de los prejuicios del vulgo, sabios instruidos de lo que no está al alcance de todos.
Bajo el imperio de estas preocupaciones el ritual francés de los tres primeros grados fue progresivamente transformado en una verdadera obra maestra del esoterismo. Para aquel que sabe comprenderlo, enseña a conquistar realmente la Luz. Ninguno de los detalles del ceremonial eran arbitrarios:
El conjunto está lógicamente coordinado y cada parte da lugar a interpretaciones del más alto interés.
No se puede decir otro tanto del ritualismo de los grados llamados superiores, que delataban frecuentemente, de parte de sus autores, una ignorancia deplorable en materia de simbolismo. Por mal traídos que fueran, estos grados, no dejaban de presentar alguna utilidad práctica.