El Hexagrama

OSWALD WIRTH

El Cinco ha nacido al centro del Cuatro. Seis se constituirá como ambiente sintético emanado del Cinco.
Pero la atmósfera psíquica, en la que la personalidad se encierra, se compone bajo el punto de vista hermético, de Agua vaporizada por la acción del Fuego, en otros términos, Agua ígnea, es decir, de fluido vital cargado de energías activas.
Además, la unión fecunda del Fuego y del agua se encuentra gráficamente representado por la figura conocida bajo el nombre de “Sello de Salomón”.

De los dos triángulos entrelazados, uno es masculino-activo, y el otro femenino
pasivo. El primero se refiere a la energía individual, al ardor sulfuroso
que se eleva partiendo del centro de la personalidad. El segundo, que es invertido, semeja una copa destinada a recoger el rocío depositado por la humedad mercurial difundida en el espacio.
El todo constituye a los ojos de los ocultistas, el pentáculo por excelencia, el signo

el Mercurio universal o Azoe se particulariza en el Mercurio de los Sabios substancia que es el vehículo del Gran Agente mágico.
En cuanto a ese misterioso Agente, su imagen, desde Basilio Valentín, es una Serpiente (corriente vital (que se enrolla en torno del Sol (Razón, Iniciativa individual, Energía, Columna J∴) y de la Luna (Imaginación, Receptividad, Sensibilidad, Columna B∴), como alrededor de dos bobinas de inducción.
de una potencia a la cual nada resiste, pues animado de su Azufre
Este monstruo fluídico, termina en dos cabezas que se encuentran y se amenazan: una de León (Polo positivo, Ardor, Fijeza, Constancia); la otra de Águila (Polo negativo, Crueldad, Movilidad, Volatilidad).
Es de notar, desde luego, que la Estrella Flamígera corresponde al Microcosmo humano, es decir, al Hombre considerado como un mundo en pequeño, como los dos triángulos entrelazados designan a la Estrella del Macrocosmo, o del Mundo en grande.
Además mágicamente el Pentagrama permite al Compañero mandar en el radio de su esfera de acción, porque sabe querer con energía y rectitud, en forma de ser obedecido por sus subordinados. Este poder es indefinidamente extendido por el Hexagrama, el olvido de sí mismo que tiene por efecto identificar al individuo con el Gran Todo y hacerlo partícipe de un poder ilimitado, a lo menos teóricamente.

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