Asiduidad – Asistencia

OSWALD WIRTH

El Compañero debe saber trabajar y dar con esto buen ejemplo a los Aprendices. Sabrá, desde luego, mostrarse discreto entre ellos, como están ellos mismos obligados a portarse delante de los profanos. Cuando un Iniciado quiere enseñar, se contenta con hacer reflexionar, sin dogmatizar jamás. Su método consiste ante todo, en predicar con el ejemplo. Con este objeto el Compañero, debe asistir con escrupulosa asiduidad a los trabajos de su Taller. Toda indiferencia para con la colectividad a la que se ha adherido libremente, relaja los lazos que lo unen a ella. Además, no puede recibir el salario del segundo grado, y beneficiarse así con la fuerza vital de la Masonería, que forma parte con la unidad orgánica representada por su Logia.
Todo Masón no puede tener la pretensión de ser un pensador genial; pero no son siempre las inteligencias más brillantes las que mejor sirven la causa del progreso. Por obscura que sea, una dedicación sincera, es una fuerza inmensa, y a todos, por humildes que seamos, nos es permitido trabajar como verdaderos Compañeros. Es preciso, ante todo, que sea nuestro corazón quien deba actuar primero en este grado, como lo recuerda el signo de orden.
Pero nuestro fervor de Masones, nuestra adhesión a la Orden, no pueden manifestarse sino por el celo con el cual participemos en los trabajos de nuestra Logia, y no debemos temer sacrificarle las entretenciones profanas por interesantes que ellas fueren. El verdadero Masón que esté inflexiblemente dispuesto, salvo casos de fuerza mayor, a no faltar a ninguna reunión de su Taller, aporta siempre a sus Hermanos, un concurso inapreciable de energía psíquica. Contribuye en esta forma, a cargar esta pila de dinamismo humano, que está constituido por los miembros realmente activos de una Logia. Pero el Compañero no puede aprovechar de los beneficios que la colectividad dispensa a sus miembros, sino en proporción a lo que él mismo dé. Siendo frío, indiferente, escéptico, no puede sacar de la Masonería ningún beneficio intelectual o moral. Adquirirá, por el contrario, una fuerza inmensa, si ama de corazón a la Masonería, si se inspira en su ideal y se entusiasma por su obra. Pero nosotros no nos aseguramos de nuestros sentimientos y de nuestra voluntad sino por actos, y de aquí la necesidad de una práctica, de una especie de culto masónico. Toda religión muere cuando sus templos quedan desiertos. Lo mismo ocurre en la Masonería: nuestra institución será tanto más viva y tanto más fuerte y activa según sea que los Masones frecuenten sus Logias con fervor y asiduidad.
Es, pues con pleno conocimiento de causa, cómo los Compañeros deben imponerse la norma de no rehuir jamás el trabajo común y faltarían gravemente a sus deberes si se muestran negligentes. En las prácticas iniciáticas, nadie obtiene un salario sino por medio del mérito.

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