Recipiendario preparado según el Ritual anglo-sajón para recibir los tres grados simbólicos

OSWALD WIRTH

Los Masones americanos tienen igualmente una predilección marcada por la cuerda, que enrollan dos veces a la altura de los bíceps, en el brazo derecho del Aprendiz que se asciende a Compañero. Para la Maestría la misma cuerda servirá de triple cintura al Recipiendario, que tendrá el tronco y los dos brazos desnudos, como así mismo las dos piernas a partir de las rodillas.
Todas estas sutilezas no tienen nada iniciático y son hijas de la más arbitraria fantasía. Son desde luego; invenciones posteriores a la propagación en el Continente Europeo de la “pura y antigua Masonería de San Juan”. Esta no conoce más que una sola preparación física: la del candidato a la primera iniciación, que debe ser presentado “ni desnudo, ni vestido, pero en un estado decente y desprovisto de todos los metales”.
Para el grado de Compañero la preparación debe ser esencialmente moral, lo mismo que ella deberá ser sobre todo intelectual para la Maestría Es el Compañero quien debe responder, que ha sido preparado en su corazón para recibir el segundo grado.
Llegado al término de su aprendizaje conoce suficientemente la Masonería para entregarse a ella con pleno conocimiento de causa. Su dedicación (devoción) puede sólo ligarlo a aquellos con quienes debe llegar a ser el Compañero efectivo, es decir el asociado solidario, el colaborador celoso, dispuesto a no retroceder en favor de la obra común, ante ningún sacrificio.
En resumen, para ser admitido al aprendizaje es suficiente mostrar aptitudes; para pasar a Compañero es necesario enseguida haber hecho pruebas de aplicación, de celo y de amor al trabajo. El Maestro, por fin, no se reconoce sino por las capacidades que realmente posee, y por el talento y comprensión integral del Arte.

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