La Introducción en Logia de Compañero

OSWALD WIRTH

Para que le sea permitido franquear la puerta del Templo es preciso, en el primer grado, que el Recipiendario haga constatar que “ha nacido libre y de buenas costumbres”. En las mismas circunstancias es indispensable, en el segundo grado, poder certificar que “el Aprendiz ha cumplido su tiempo y que su Maestro está contento con el.
Ya no entra humildemente inclinado hasta la tierra, o aún arrastrándose a través de un conducto estrecho como si se tratara de simular la venida al mundo del recién iniciado. El Aprendiz, con la frente levantada, avanza al orden con los tres pasos simbólicos y se detiene, orgullosamente erguido entre los dos Vigilantes. (En el rito Escocés, el Aprendiz se presenta provisto de una regla, que lleva sobre su hombro izquierdo, como un obrero que se dirige al lugar de su trabajo con sus herramientas. El simbolismo de la regla, que será explicado más adelante, justifica esta práctica).
Los Vigilantes se sitúan cerca de dos columnas consagradas a la Fuerza y a la Belleza, en otros términos o los dos principios contrarios de la energía masculina y de la sensibilidad femenina (Dorismo y Jonismo). No olvidemos lo que sucedió al joven Hércules, cuando, después de haber terminado su aprendizaje, quiso reflexionar en qué emplearía sus potentes facultades y numerosos talentos. Habiéndose retirado a un lugar solitario para no ser turbado en su meditación, se vio bruscamente en presencia de dos mujeres de alta estatura, una y otra muy bellas. La primera, austeramente envuelta en sencilla ropa blanca, tenía una figura majestuosa y llena de dignidad, el pudor se leía en sus ojos era la Virtud. La otra, recargada de joyas y de vestidos magníficos, tenía una mirada libre y la sonrisa engañadora era la Molicie. Trataron, cada una a su manera, de conquistar al hijo de Alomena, prometiéndole, una, hacerlo triunfar en todas las pruebas de la vida, la otra, de ahorrarle la pena de trabajar. Hércules no vaciló, y rehusando el abandonarse sin gloria a la dulzura de vivir, resolvió ser útil y dedicarse con este fin a un trabajo incesante, penoso y siempre provechoso a los demás.
Colocado entre las dos Columnas, el postulante al grado de Compañero, no debe mostrarse inferior en energía moral a la del héroe mitológico. Llamado a emplearse sin reservas en el bien de todos, le corresponde al salir de la preparación teórica del aprendizaje, entrar en la carrera de la acción práctica, rechazando las tentaciones de una felicidad fácil, basada sobre los placeres y el abandono sibarita a los encantos de la existencia. (En el Tarot, naipe antiguo) el Iniciado llamado a sufrir la suprema prueba moral, aquella que decidirá de todo su porvenir iniciático, está representado por el Enamorado, al que dos mujeres parecen disputarle el corazón).

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