El Examen del Candidato al Grado de Compañero

OSWALD WIRTH

Cuando un Aprendiz está suficientemente instruido de la teoría para concebir más o menos el programa que le traza el ritualismo de la primera iniciación, puede aspirar a la segundo. Corresponde a su Maestro proponerlo a la Logia para un ascenso que le parece meritorio. El taller no se pronuncia desde luego sino después de haber oído al candidato, en presencia de otros Aprendices, debe responder a todas las preguntas relativas al primer grado que se estime formularle. Este examen versará forzosamente acerca del retejamiento y del catecismo; pero estos secretos, que están al alcance de todas las inteligencias, no deberán hacer perder de vista a otros misterios más profundos, cuya divulgación no está a merced de cualquier indiscreción. Sin duda, los antiguos Masones, familiarizados desde mucho tiempo con los arcanos de la filosofía iniciática, no exigían que un principiante comprendiera en unos meses lo que ellos no lograron alcanzar sino después de perseverantes meditaciones, continuadas durante años de años. Pero ellos podían aprender después de su iniciación. Se interesaban en discernir en qué sentido se había modificado su mentalidad; después hacían que el Aprendiz buscara en qué consiste su más íntimo, su más absoluto Yo. Lo preparaban de este modo para conocerse a sí mismo en la esencia de su
personalidad, porque si el Aprendiz ha de preguntarse: “¿De dónde venimos?”, el
Compañero debe esforzarse en responder a la pregunta: “¿Qué somos?”.

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