Los Metales

OSWALD WIRTH

El profano que se presenta para ser admitido en la Francmasonería es inmediatamente introducido en un sitio retirado donde se le invita a despojarse de todos los objetos metálicos que lleva consigo: dinero, alhajas, armas, decoraciones, etc., todo debe ser entregado al Hermano Experto.
Es que los metales representan todo lo que brilla con engañoso destello. Cuando el espíritu es inexperto, se deja seducir fácilmente por falsas nociones, admitidas por el común de las personas. El pensador debe desconfiar de las opiniones que recibe. La moneda corriente de los prejuicios vulgares constituye una riqueza ilusoria que el sabio debe aprender a despreciar. Es preciso hacerse pobre en espíritu, si se quiere entrar en el Reino de los Cielos, es decir, si se quiere ser iniciado y llegar a concebir la verdad. Se está más cerca de ella cuando nadá se sabe, que cuando se permanece apegado a los errores. Más vale no tener nada que tener deudas.
El hombre que aspira a ser libre, debe aprender desde luego a liberarse de las cosas fútiles. Los sabios de la antig(iedad despreciaban el lujo. La razón les permitía reducir sus necesidades a lo estrictamente necesario y buscar la riqueza en la ausencia de los deseos inmoderados. El que vive contento con nada lo posee todo.
Sin embargo, el Iniciado no está costreñido a hacer voto de pobreza. Debe simplemente acordarse que la concupiscencia es el eje de todos los vicios antisociales: es el gran elemento de desorden que las antiguas cosmogonías representaban con la figura de una serpiente; la ambición individual provoca la ruptura de la armonía general, hace rechazar la humanidad del Edén, destruye la Edad de Oro.
El pensador debe colocarse a sí mismo, en las condiciones de pureza y de inocencia que se atribuyen al estado natural.
Volviendo a la simplicidad de la edad más tierna, es como se realizan las condiciones más favorables para la búsqueda desinteresada de la verdad.

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