La Primera Gran Logia

OSWALD WIRTH

Contrariamente a lo que, en buena lógica, es permitido figurarse, los documentos positivos nos muestran la organización de la Masonería moderna, naciendo inconscientemente. Las más grandes cosas pueden, en efecto, ser engendradas por individuos que no tienen ninguna sospecha del alcance de sus actos.
Así fue el caso de los Masones londinenses que el 24 de Junio de 1717 se reunieron para celebrar la fiesta tradicional de San Juan Bautista. Eran miembros de cuatro Logias que llevaban vida poco próspera, que para no desaparecer enteramente, decidieron permanecer unidos bajo la autoridad de oficiales. Como cada una de las logias estaba presidida por un Maestro (para distinguirlo de otros Maestros), le dieron el epíteto de Venerable o lo llamaban el Maestro de la Sielle, y dieron el título de Gran Maestro al presidente del nuevo grupo, que se llamó Gran Logia. Además, es posible, que estos nombres fueran adoptados desde 1717, pero la principal preocupación que tuvieron ese año, fue la de reunirse en número suficiente en el próximo solsticio de verano.
El primer Gran Maestro fue Antonio Sayer, hombre obscuro, de condición muy modesta. Fue escogido a falta de otro mejor. Se apresuraron en 1718 a darle como sucesor a Jorge Payne, burgués acomodado, que no había asistido a la reunión anterior. El próximo elegido fue Juan Teófilo Desaguliers (nacido en la Rochela el 12 de Mano de 1683, hijo de un pastor calvinista que se refugié en Inglaterra a con secuencia de la revocación del Edicto de Nantes el alío 1685), doctor en Filosofía y en Derecho, miembro de la Sociedad Real de Ciencias de Londres. Después de haber cumplido un año de Gran Maestro, este distinguido físico restituyó el Mallete al H. Payne a falta de un personaje más ilustre.
Para consagrar el prestigio de la Gran Logia, era importante poner a su cabeza, un hombre de calidad. Así los Masones de Londres colmaron sus deseos, cuando en 1721, Su Gracia, el Duque de Montagu, se dignó aceptar la dignidad de Gran Maestro. Esta elección tuvo el mejor efecto sobre el mundo profano. Llegó a ser de buen tono pertenecer a la Sociedad de Francmasones universalmente considerada como una compañía distinguida.

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