El Reinado de Luis Felipe

OSWALD WIRTH

La Francmasonería no había conspirado contra el gobierno de Carlos X, pero manifestaba sus simpatías por las ideas liberales que prevalecieron en 1830. La monarquía constitucional lo consideró un crimen y se demostró más quisquillosa aún que el régimen anterior.
Condenados desde entonces a una reserva extrema, los Masones se apartaron de todo trabajo serio. Estándoles prohibida la política, ésta se tramaba fuera de las Logias, en las “ventas” de los Carbonarios o al amparo de conciliábulos más secretos todavía. Las ideas nuevas, de las cuales SaintSimon y Fournier se habían convertido en apóstoles, se discutían en adelante fuera de la Francmasonería que se mostraba recelosa de acogerlas. En estas condiciones, en los templos masónicos sólo resonaban los ecos de las querellas que se renovaban sin cesar entre el Gran Oriente y el Supremo Consejo. Había en eso con que aburrir a numerosos Hermanos que al retirarse obligaron a sus Logias a caer en sueño.
Hubo, sin embargo, tentativas de fusión de Ritos, desde luego en 1819 y 1826, después en 1835 y 1841. Si no llegaron a unirse, concluyeron, sin embargo, por tolerarse recíprocamente y a vivir casi en buena inteligencia. El 10 de Diciembre de 1830 las dos potencias rivales ofrecieron una fiesta en común al general Lafayette.
Un despertar de las actividades masónicas parece manifestarse en 1840, por la fundación de una casa de socorros en favor de los Masones desgraciados.
El Gran Oriente procuró, en seguida, sacudir la modorra de las Logias publicando un Boletín trimestral de sus trabajos (1843). Masones instruidos se encontraron así envalentonados para publicar obras sobre la Francmasonería. Se les tomó a mal porque, predispuesta contra divulgaciones declaradas ilícitas, la autoridad masónica persiguió de la manera más odiosa al Hermano Ragon, Venerable de la Logia “Les Trinosophes”, autor de un Curso Filosófico e Interpretativo de las Iniciaciones Antiguas y Modernas, después al Hermano Clavel, culpable de haber hecho imprimir sin permiso una Historia Pintoresca de la Francmasonería.
Más tarde el Gran Oriente está tan mal inspirado que entraba la feliz iniciativa de las Logias de provincia, que se reunieron en Congreso en la Rochelle (1845), en Rochefort y Strassbourg (1846), después en Saintes y en Tolosa (1847).

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