El Gran Oriente de Francia

OSWALD WIRTH

A la muerte del Conde de Clermont, ocurrida el 16 de Junio de 1771, la Gran Logia, hasta entonces en sueño, fue convocada para proceder a la elección de su Gran Maestro. Su Alteza Serenísima Luis Felipe José de Orleans, Duque de Chartres, que más tarde tomó el nombre de Felipe Igualdad, obtuvo la mayoría de los sufragios.
Como su antecesor, este personaje principesco no fue jamás sino un mal masón, que llegó en 1793 hasta a renegar formalmente de la Masonería. Por lo demás, parece que no hubo muchas ilusiones a este respecto, porque junto con el Gran Maestro, cuyas funciones eran sobre todo honoríficas se nombró un administrador general, encargado de presidir los destinos de la Masonería francesa. Este puesto, secundario sólo en apariencia, fue confiado al Duque de Luxemburgo de 33 años de edad. Ninguna elección pudo ser mejor inspirada. Lleno de celo y ardor, el administrador general comprendió que le incumbía agrupar en un solo haz todas las fuerzas masónicas del reino. La anarquía había alcanzado al máximum y hacía sentir imperiosamente la necesidad de una autoridad central coordinadora. Resuelto a constituir esta autoridad, el Duque de Luxemburgo pensó desde luego en provocar reformas en el seno de la Gran Logia; pero no tardó en convencerse que nada se podría esperar por este lado. Los Maestros de Logia inamovibles se consideraban como los detentores de feudos y no admitían que sus derechos fueran puestos en duda.
Rodeándose, entonces, de los masones más competentes, el administrador general elaboré, de acuerdo con ellos, un plan completo de reorganización; después, cuando todo estuvo listo, tomé una iniciativa sin precedente, invitando a las Logias de provincias a hacerse representar en París por diputados, los que, conjuntamente con los representantes de las Logias de la capital, debían deliberar sobre el proyecto de reforma y tomar, de una manera general, medidas de interés común.
La asamblea que se reunió por esta convocatoria, a comienzos de Marzo de 1773, tomó el título de Gran Logia Nacional. Se consideró investida de plenos poderes para la organización en Francia de un gobierno masónico basado sobre el régimen representativo; la ley masónica sería en adelante la expresión de la voluntad general. Se decidió entonces que cada Logia estaría representada de una manera permanente ante la nueva autoridad central llamada Gran Oriente de Francia. Se estipuló, además, que los oficiales de los talleres serían elegidos sólo por un año, lo que puso fin al privilegio del Maestro de Logia, llamado después Venerable Maestro o simplemente Venerable.
Como existía diversidad de ritos, el Gran Oriente no tardó en realizar la uniformidad en el seno de la Masonería francesa. Se limitó a establecer una centralización administrativa que, uniendo a las Logias, les permitía permanecer ligados a los múltiples cuerpos masónicos establecidos con anterioridad. La autoridad central recibió, sin embargo, la misión de verificar los poderes de todos estos grupos, a fin de determinar exactamente los derechos de cada uno.
Todos los masones que a consecuencia de esta verificación general fueron reconocidos como regulares, recibieron comunicación a partir de 1797 de una doble palabra de reconocimiento, renovada cada seis meses. Esta medida ha permanecido como original de la Masonería francesa porque el empleo de palabras semestrales no se esparció por el extranjero donde el relajamiento continuó efectuándose con toda su antigua amplitud.

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