OBRA INDIVIDUAL Y COLECTIVA

ALDO LAVAGNINI

Existe naturalmente una íntima relación entre la obra individual y la colectiva, dado que la perfección de esta última estriba: primero, en el mayor grado de perfección y eficiencia que se alcance en los esfuerzos individuales; y, segundo, en la más sabia, perfecta y eficiente coordinación de todos los esfuerzos, utilizando de la mejor manera los talentos y las capacidades individuales.

El simbólico trabajo de la piedra que a cada cual se le ha asignado - o sea el desempeño de la tarea que a cada cual le incumbe en la obra colectiva, representada por el Templo que se eleva a la Gloria del Principio de la Vida y de la misma Inteligencia Constructora -, será tanto mejor en cuanto en cada esfuerzo aislado haya una clara y perfecta visión del conjunto de la Obra, y la percepción de su esencial Unidad. El sentido de esta unidad es precisamente aquello que únicamente puede unificar los esfuerzos que la Sabiduría impersonalmente planea y dirige, y la Fuerza ejecuta, para que Belleza, Armonía y Satisfacción sean manifiestas en la propia perfección del resultado.

La percepción de la Unidad de la Obra es lo que eleva y coordina las visiones individuales, en cada una de las cuales tiene que reflejarse, en uno de sus infinitos aspectos, la propia visión de la Inteligencia Directiva, Ideal o Plan Divino que preside á la obra. Únicamente así, cuando cada obrero se esfuerza en "desbastar su piedra" de acuerdo con su más elevada visión ideal y su percepción íntima de la unidad de ese Ideal que dirige y anima a todos los obreros, será la Sabiduría la que orienta constructivamente a todos los obreros, manifestándose Fuerza y Ardor en los trabajos, a raíz de esa misma orientación21. Eficiencia y Armonía en el resultado, en el que se encarna objetivamente el Ideal trascendente, que se ha realizado y reconocido subjetivamente.

En otras palabras, para que haya verdadera y eficiente cooperación en una obra, debe de haber un Ideal, Plan o Visión que inspire y dirija la misma; y para que esa obra sea masónica se necesita, además, como primera condición, que ese mismo Ideal, Plan o Visión sea realmente sabio, o sea expresión de esa Sabiduría que Minerva simboliza en nuestros templos, a la que se deben todas las obras grandes, hermosas y duraderas en todos los campos de la vida y de la actividad humana.

La segunda condición es que ese Ideal, Plan o Visión guíe tanto individual como colectivamente a los obreros, de manera que, como consecuencia de la orientación que reciben, se transforme en Fuerza operativa en el campo de la acción y de la vida práctica (el Occidente, en donde la misma Fuerza simbólicamente reside) para que cada uno trabaje para su realización.

Tercera condición es que la Fuerza trabaje constantemente en armonía con la Sabiduría, ejecutando sus planes, o sea que la Orientación recibida acompañe toda la obra, siendo únicamente en virtud de tal cooperación de la Voluntad con la Inteligencia, de la Práctica con la Teoría y de lo Material con lo Ideal, que la misma obra resultará hermosa y armónica en su conjunto y en cada una de sus partes o elementos.

Sabiduría; Fuerza, Hermosura: he aquí los tres principios directivos, la trinidad operativa, que respectivamente hace posible, eficiente y satisfactoria toda actividad cooperativa, y en general toda obra humana - los tres criterios que permiten la mejor coordinación jerárquica de las voluntades y de las inteligencias, de los esfuerzos y de las actividades, de los planes y de su realización. Cuando esos tres elementos sean reconocidos como ideales directivos de todas las sociedades y actividades humanas, destronándose el dominio, hoy todavía imperante, de los criterios y consideraciones materiales, desaparecerán todos los conflictos, se solucionarán fácilmente las dificultades, y la paz, la prosperidad, el progreso y la felicidad reinarán entre los hombres.


Es necesario comenzar, por consiguiente, por reconocer este ideal, y ajustarnos al mismo en lo íntimo de nuestro corazón, y nos acercaremos así al día de su pleno reconocimiento y realización exterior. Siendo este principio el que gobierna todo el universo, es inevitable también su reconocimiento y triunfo en la vida y en la actividad de los hombres

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