LOS CUATRO ELEMENTOS

ALDO LAVAGNINI

Se hacen corresponder también las cuatro letras del Nombre Sagrado con los cuatro elementos, representados simbólicamente por los cuatro brazos de la Cruz y formados por la polarización del mercurio, Akasha o Quintaesencia, nacido de la unión del Principio Masculino o Activo (el azufre) con el Principio Femenino y Pasivo (la sal), que corresponden, respectivamente, con la línea vertical y horizontal de la Cruz.

La polarización del mercurio (el centro de la cruz) según la línea vertical del azufre, produce respectivamente el fuego o principio de expansión (que origina la fuerza centrífuga y toda forma de irradiación) como polaridad positiva y el aire o principio de contracción, como polaridad negativa (que origina la fuerza centrípeta y toda forma de movimiento, rotación o traslación).

La misma polarización, según la línea horizontal de la sal, produce el agua o principio de humedad, unión o solución en su aspecto positivo, y la tierra o principio de sequedad, cohesión y separación en su lado negativo; la primera es, por lo tanto, la fuerza que disuelve en sí y reúne las substancias –formándose o naciendo en su seno la vida orgánica-, mientras la segunda disgrega y separa, con su misma cohesión, las diferentes substancias, solidificándolas e individualizándolas, como aparece en el proceso de cristalización.

Los cuatro elementos así diferenciados aparecen en cada una de las cuatro triplicidades, de las cuales, según la Astrología, resulta formado el Zodíaco, circunscripción o expresión circular de todo universo.

En el hombre, encontramos una análoga polaridad, correspondiendo el Fuego al pecho y al corazón que produce el calor vital, el Aire a las piernas que mueven el organismo, el Agua al lado derecho y a la función asimilativa, tipificando en el hígado, la Tierra en el lado izquierdo y en la función disimilativa, evidenciada en la parte descendente del intestino que se encuentra de dicho lado. Simbólicamente la mano derecha corresponde al principio que liberta o disuelve y la izquierda al que ata o coagula.

En el hombre (o microcosmos), como en la naturaleza (o macrocosmos), la Esencia Primordial (una y trina), resulta naturalmente crucificado por los cuatro elementos, así como por las cuatro direcciones del espacio que tradicionalmente les corresponden:

el Oriente, asiento de Agni y Prana (la función respiratoria), que corresponde con el fuego;
el Occidente, asiento de los Maruts y de Apana (la función disimulativa), que corresponde con el aire;
el Sur, asiento de Indra y de Viana (la función formativa), que corresponde con la tierra;
el Norte, asiento de Varuna y de Samana (la función asimilativa), que corresponde con el agua15.

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