EL CUATERNARIO

ALDO LAVAGNINI

Los cuatro elementos de los que acabamos de hablar definen y circunscriben el reino o dominio del Cuaternario, simbolizado por el cuadrado, que naturalmente representa la cuadratura de todo círculo, o ciclo de manifestación.

Este cuaternario es aquel que delimita y constituye toda la naturaleza, de la cual los elementos constituyen los principios activos, que resultan de las tres cualidades (Rajas o Azufre, principio de actividad, Tamas o sal, principio de Resistencia, Satva o Mercurio, principio rítmico), y en los que éstas obran. Son estos cuatro elementos, junto con los cuatro puntos cardinales y las cuatro dimensiones einsteinianas, los cuatro brazos de Brahma, la Divinidad Creadora, y la cruz que determina se hace, por su movimiento o actividad cíclica, esvástica y rueda, apareciendo tal en el Zodíaco: la Rueda de la Fatalidad que ata a los seres, en la medida de su inconsciencia, al determinismo aparentemente ciego de la Ley de acción y reacción; y la Rueda de Fortuna, cuando se hacen libres, manifestando su conciencia y libre albedrío.

Relacionando los elementos con las estaciones, podemos hacer corresponder el Aire con la Primavera, que estimula los vientos, el Fuego con el Verano, cuando el sol resplandece con más fuerza y plenitud, el Agua con el Otoño, que manifiesta la productividad que caracteriza ese elemento, y la Tierra con el Invierno, cuando la vida se retira y descansa en el seno de este elemento, preparándose para un nuevo ciclo de crecimiento y productividad.

En el mundo moral, el Fuego corresponde naturalmente con la voluntad y la imaginación; el aire con el pensamiento, el juicio y la reflexión; el Agua con el sentimiento, la emoción y la sensación; y la Tierra con la percepción, el sentido práctico y la acción. El dominio del primero hace a los hombres enérgicos, entusiastas, violentos y dominadores; el segundo los hace inteligentes, amantes del estudio y buscadores de la Verdad; el tercer elemento los hace particularmente sensitivos e impresionables; el cuarto los hace industriosos y laboriosos, tenaces y perseverantes. El fuego se acompaña, además, con el temperamento bilioso, el aire con el temperamento sanguíneo, el agua con la tendencia linfática y la tierra con el temperamento nervioso, aspiración hacia lo más noble y elevado.

Corresponden, además, con los cuatro elementos –lo mismo que con los cuatro Vedas, los cuatro Evangelios y las cuatro Verdades- los cuatro animales sagrados que constituyen la Cruz Zodiacal, formando la Esfinge y la Corona de los Magos:

el Toro, alumbrado por Aldebaran, representa la tierra, fecunda y productiva;
el León con Régulo, que representa el fuego prepotente, atrevido y voraz de la pasión;
el Águila con Antares, indica el agua exaltada como aspiración hacia lo más noble y elevado;
el Hijo del Hombre, que resplandece por debajo de Altair, representando el aire que confiere la conciencia y el conocimiento de la Verdad.

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