LAS CORPORACIONES MEDIEVALES

ALDO LAVAGNINI

Con el triunfo del Cristianismo, que se convirtió en religión oficial durante el último período del Imperio Romano, mientras los Misterios tuvieron que desaparecer, los collegia fabrorum resolvieron adaptar sus tradiciones paganas a la nueva fe y esto se hizo muy hábilmente, sustituyéndose la leyenda de la construcción del Templo de Salomón a otra transmitida anteriormente, y los nombres de santos y personajes cristianos a los antiguos dioses paganos: nació así un San Dionisio, en lugar del homónimo dios griego (el Baco de los latinos), y San Juan fue honrado como protector de la Orden, en lugar del antiguo dios bifronte Jano.
Así renovada, la tradición de los colegios romanos siguió en Oriente la suerte del Imperio Bizantino, adaptándose después, con igual facilidad, a la fe islámica, mientras en Occidente, con la caída del imperio y la invasión de los vándalos y de los godos, encontró un seguro asilo en una pequeña isla, cerca de la ciudad italiana de cómo, en Lombardia (país llamado así a consecuencia de la invasión de los longobardos, “los de luengas barbas”), de donde tomaron su nombre los magistri comacini, que fueron originadores de aquel estilo derivado del romano y llamado románico, que hizo su primera aparición cerca del 600 y siguió dominando por varios siglos después en Italia y en los países contiguos, hasta que el estilo gótico, producido por las corporaciones nórdicas, obtuvo después el predominio.
En las obras de estos artistas encontramos varios símbolos masónicos, y la expresión de una singular independencia del pensamiento que se revela en curiosas y mordaces sátiras en contra de la Iglesia, grabadas con una audacia sorprendente en las mismas esculturas de las catedrales. A pesar del hermético secreto con que se guardaban sus tradiciones y creencias, parece que a estas corporaciones (que existían en varias ciudades de Italia, entre otras en Siena, desde el siglo XI) no era extraño el conocimiento de un G.•. A.•. D.•. U.•., ni la leyenda de Hiram.
En el fervor religioso que caracterizó este período, también algunas órdenes monásticas de la Iglesia se dedicaron, especialmente en Francia y Alemania, al Arte de Construir, levantando templos con la ayuda de los obreros nómadas que encontraban y contribuyendo así indirectamente a la organización de éstos en corporaciones que después se hicieron independientes.
Por la obra y los esfuerzos de las corporaciones independientes que se formaron en distintos países nació entonces y se afirmó rápidamente el llamado estilo gótico, que convierte el simple arco romano y románico en el ojival, magnífico símbolo del fervor religioso y de las más ardientes aspiraciones humanas que se levantan, como cántico majestuoso, de la tierra al cielo. En los dos estilos orientales, árabe y ruso, encontramos un desarrollo ulterior de esta idea que hizo revolucionar el arco gótico del romano, con el arco de forma especial que caracteriza dichos estilos.
Estas corporaciones, dedicadas especialmente al arte gótico, constituyeron en Inglaterra los guilds de obreros, en Francia el compagnonnage (de los cuales existían tres secciones distintas que tomaban el nombre, respectivamente, de hijos de Salomón, de Maître Jacques y de Maître Soubise) y en Alemania los talleres y uniones de canteros (Steinmetzen), entre los cuales tomó justo renombre aquella que levantó la catedral de Estrasburgo, erigida en el siglo XV.
Los documentos que nos queda de ellas prueban que los obreros se hallaban divididos en aprendices, compañeros y maestros, que se reunían en pequeñas casas y empleaban de una manera emblemática los útiles de su profesión, llevándolos consigo como insignias; además, se reconocían por medio de palabras y signos que llamaban saludos. Los neófitos eran recibidos con particulares ceremonias y juraban el secreto más profundo sobre lo que se les iba a comunicar o enseñar.
La palabra masón (del latín medieval macio, equivalente de cantero, de donde vino también el alemán Metzen) parece se usó por primera vez en el siglo XIII, siendo exportada de Francia a Inglaterra. La expresión francmasón (masón afrancado o libre de impuestos) aparece por primera vez en 1375.
El origen de esa última palabra se ha relacionado con los especiales privilegios y exenciones concedidos por los pontífices Nicolás III y Benito XII, en vista de la reconocida moralidad d eestas corporaciones y de las obras piadosas a las cuales se dedicaban como constructores de Iglesias. Pero el real significado originario de este atributo de francos o libres ( en inglés freemasons) es un asunto todavía discutido y discutible.

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