LA EXPRESION DE LOS TALENTOS

ALDO LAVAGNINI

Toda nuestra vida y todo nuestro ser son también una progresiva manifestación desde adentro hacia afuera, o sea desde la potencialidad espiritual latente, a la capacidad activa y consciente, y de ésta a la actividad exterior que hace evidente una facultad o poder, traduciéndolo en efectos visibles.

Esta es la Ley Soberana que preside a todo desarrollo, a todo lo que en nuestra vida puede manifestarse y que nunca es obra de la casualidad, sino siempre expresión de una actividad o estado de conciencia íntima, el efecto visible de una Causa Invisible que se halla en nuestro ser.
Nada viene por sí mismo, sino que todo se produce o es atraído desde adentro, por efecto de un correspondiente estado de conciencia, o manera y condición de ser.

Así se expresan en nosotros nuestros talentos: una aspiración indefinida es el primer impulso con el que tocan a la puerta de nuestra conciencia, manifestándose, una vez reconocidos, en una aspiración o un deseo determinado y preciso. Este deseo produce el esfuerzo y ambos refuerzan y hacen siempre más clara la conciencia del talento, por medio de la cual llega el mismo a poseerse en un estado todavía rudimentario y, por medio del uso, se desarrollará después en toda plenitud.

De nada sirve, pues, esperar pasivamente algo del exterior; únicamente podemos hacerlo según este "algo" que se establece en nuestra misma conciencia, como talento, facultad o poder activo, que realiza en nosotros interiormente la condición necesaria para su manifestación exterior. De nada sirve resignarse inactivamente a condiciones o necesidades exteriores que no sean de nuestro agrado: lo que debemos hacer es buscar adentro en la expresión del talento correspondiente, la capacidad, la fuerza y el poder, por cuyo medio podemos atraer hacia nosotros lo que deseamos y libertarnos de las condiciones que nos limitan y demás cosas indeseables. En vez de obstáculos y dificultades, debemos considerar a éstas como oportunidades para la expresión de los talentos correspondientes, que sólo pueden desarrollarse y convertirse en poderes activos con el uso que los hace pasar de la latencia a la potencia.

No se refiere esta Ley únicamente a las cualidades interiores, sino también se aplica a las cosas y condiciones externas.

Cualquiera cosa que podamos desear, cualquiera condición o circunstancia, tiene su raíz y el poder activo que puede atraerla o manifestarla alrededor de nosotros en un talento correspondiente del que debemos adquirir la conciencia, la expresión y el uso. Y en el proceso de manifestar dicho talento creceremos en armonía con las posibilidades que el mismo nos concede.

La riqueza, los honores, y la satisfacción de una determinada ambición o deseo, no pueden lograrse sino en la medida en que uno se esfuerza en el desarrollo y el uso de sus propios talentos, pues todo -todo indistintamente- debe manifestarse primero adentro, como conciencia y actividad, después de lo cual podemos esperar ver su expresión exterior en las condiciones deseadas, formadas y atraídas hacia nosotros por aquel determinado estado de conciencia o condición interior que, por haberse establecido, como potencial activo, se hace fecundo y productivo.

Todo lo que podamos desear, querer o ambicionar debe ser, por consiguiente, el primer impulso iniciador para la expresión de nuestros talentos individuales en el trabajo o actividad particulares que se hallan más adecuados a su más plena manifestación.

Con lo que acabamos de ver sobre los sentidos y talentos estamos ahora en mejores condiciones de comprender la Religión del Trabajo, sobre la cual especialmente debe concretarse la atención del Compañero, para el uso operativo de los principios adquiridos con el estudio.

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