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FILOSOFIA INICIATICA DEL GRADO DE COMPAÑERO

ALDO LAVAGNINI

Contestando por sus propios esfuerzos a la pregunta ¿De dónde venimos?, el Iniciado del primer grado es conducido a reconocer la Unidad del Principio de Vida, la Dualidad de su manifestación en los pares de opuestos y complementarios y la Ley del Ternario que hace fecunda esta Dualidad y reproduce al infinito esa misma Unidad en la Multiplicación de la creación.

Al iniciado del segundo grado análogamente le compete buscar una satisfactoria respuesta a la segunda pregunta de la Esfinge, ¿Quiénes somos?, estudiando el enigma de su propio ser bajo el triple aspecto de “producto de la evolución de la naturaleza”, de “ser individual dotado en autoconciencia y razón” y de “expresión o manifestación directa de la Vida única, hacia la cual tiende constantemente con su progreso”.

El Compañero se enfrenta así con el gnothi seautón (¡conócete a tí mismo!) de los iniciados helenos, y en esta contestación, que debe ser individual para que sea individualmente satisfactoria, no pueden ofrecerle ninguna ayuda los diferentes dogmas y creencias, positivos o negativos, por los cuales las religiones y ciencias profanas suelen adormecer las conciencias.

Como con el cribo en Eleusis se separaban los granos amarillos del trigo (consagrados a Ceres) de las negras semillas de amapola (consagradas a Morfeo), así le compete al Compañero discernir claramente entre la clara simiente de la Verdad que conduce a la fuente de Mnemósima, la memoria o conocimiento de la Realidad, con cuya bebida se consigue la inmortalidad y la negra simiente del error que conduce al Leteo, la Fuente del olvido que produce la muerte de la conciencia, sepultada en la ilusión de la materia14.

La contestación a la pregunta ¿Quiénes somos?, por medio de la Lógica, de la Aritmética y de la Geometría, y bajo el triple punto de vista de que hemos hablado, le conduce naturalmente al estudio de las propiedades de los números cuatro, cinco y seis y de los conceptos filosóficos y geométricos que se relacionan con los mismos.

Meditando sobre estos números y relacionándolos con las propiedades de su ser, a la luz de los conocimientos adquiridos con los tres primeros, por medio de aquel discernimiento que mide y determina constantemente el progreso iniciático, llegará a orientarse en este Camino (simbolizado por sus cinco viajes) y desgarrando las tinieblas de la apariencia, que como el velo de Isis, esconde la Verdad al entendimiento profano, alcanzará el Oriente, en donde resplandece la Estrella luminosa y, en su centro, la Letra sagrada, fuente de esa Luz.

Pero este resultado no se consigue leyendo mucho sin meditar, ni escuchando sin reflexionar, sino escuchando y leyendo con “discernimiento”, y aprendiendo a pensar por uno mismo, ejercitándose uno constantemente en el uso de sus propios instrumentos mentales, con los cuales hará perfectamente justas, llanas y tersas las seis caras del Cubo simbólico de su Individualidad.

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