EL NUMERO CUATRO

ALDO LAVAGNINI

Así como el número uno, simbolizado por el punto, indica el espacio potencial sin dimensiones, y el número dos, determinando la línea, muestra la primera dimensión, el número tres, formando con el triángulo la primera figura plana, determina junto con el plano, el espacio bidimensional. Análogamente, el número cuatro constituye con las tres líneas y los tres planos que se encuentran en el vértice de un ángulo triedro, el espacio tridimensional de nuestra experiencia objetiva.

Así, pues, mientras los tres primeros números se refieren más especialmente a los Principios que gobiernan el Universo y al Origen Primero de las cosas (Mundo Divino en el cual existe en principio y del cual procede y se desarrolla desde lo interior a lo exterior toda manifestación objetiva) el número cuatro nos introduce en el reino de la experiencia sensible, determinando las tres (o seis) dimensiones del espacio.
Los primeros cuatro números determinan, además, las cuatro figuras fundamentales del simbolismo hermético: el círculo, formado por todo punto aislado convertido en centro de actividad, manifestándose desde dentro hacia afuera: la cruz formada por dos líneas (dos manifestaciones duales o bipolares de la Unidad) que se conjugan o seccionan rectamente; el triángulo determinado por tres puntos o tres líneas que producen sus tres ángulos o aspectos; el cuadrado, que con cuatro puntos y cuatro líneas, determina y circunscribe igualmente cuatro ángulos. Y la suma de los cuatro forma el número diez, que no nos compete examinar aquí.

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