EN AMERICA

ALDO LAVAGNINI

En América la primera Logia parece haber sido fundada en Louisbourg (Canadá) en 1721. Cuando en 1730 Daniel Coxe era Gran Maestre Provincial en New Jersey de las colonias inglesas de América, se establecieron varias Logias y la prensa dio cuenta del acontecimiento.
Benjamín Franklin hizo en 1734 la primera adición americana del Libro de las Constituciones de Anderson, y en el mismo año fue elegido Gran Maestre. La actividad masónica se expandió así rápidamente.

La división inglesa entre Ancient y Modern Masons, no dejó de reflejarse en sus colonias, particularmente en América, donde asumió un carácter especial por los acontecimientos políticos que culminaron en la Guerra de la Independencia, contándose entre los modernos especialmente los funcionarios, conservadores y partidarios del gobierno inglés, y, entre los antiguos, los impulsores de la Independencia.

A pesar de que los trabajos de las Logias no tuvieron un carácter verdaderamente político (los Templos siempre fueron lugares de reunión en donde a los mismos adversarios se los acogía fraternalmente), en las Logias de los "antiguos" fue concebida y se concretó la idea de la Unión Americana. La mayoría de los que llevaron a cabo la independencia de dicho país fueron masones, como lo demuestra el hecho de que 53 de los 56 que integraron la declaración de Independencia ostentaban tal título.

Wáshington fue iniciado en 1752, y durante toda su existencia tomó parte muy activa en la vida masónica: todos los actos de su vida pública llevan impresos los inmortales principios de la Institución. Cuando fue elegido Primer Presidente de los Estados Uni-dos, prestó su juramento sobre la Biblia de la St. John's-Lodge, y en 1793, cuando se colocó la primera piedra del Capitolio, apareció con las insignias de Venerable honorario de su Logia.

La actividad masónica no sufrió ninguna interrupción durante la campaña de la Independencia, sino que se constituyeron en los dos partidos muchas Logias regimentales que contribuyeron notablemente a mantener la unión y el espíritu de solidaridad entre sus miembros, haciendo más íntimos los lazos de la disciplina exterior.

También entre los adversarios de ambos campos, el reconocimiento de la recíproca investidura masónica dio lugar a muchos actos de generosidad y, así como en otros países dicha circunstancia ponía en peligro vida y libertad, aquí no pocos debieron una u otra cosa al hecho de ser masones.

Estos hechos, y la parte que tuvo la Orden en el movimiento de independencia, explican la extraordinaria difusión que tuvo después la Masonería en este país, en el cual se cuentan actualmente el 82 por 100 de los masones del mundo entero.

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