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EL “SALARIO” DEL APRENDIZ

ALDO LAVAGNINI

El salario que el Aprendiz recibe, como resultado de sus esfuerzos, a semejanza del salario percibido por el obrero como premio y compensación de su trabajo, debe ser objeto de una especial consideración.
Los antiguos obreros recibían, además de los víveres en especie, un sueldo o compensación en dinero para comprar la sal y otras cosas que necesitaban; de aquí vino el nombre de salario. Pero tal vez no es completamente extraño al término de salario del Aprendiz el hecho de que éstos lo reciben cerca de la Col.•.B.•.que es la que corresponde al principio hermético femenino de la sal, del cual hemos hablado en su lugar.
El Aprendiz recibe el salario acercándose, después de su trabajo, a la Col.•.B.•.. Esto quiere decir que el resultado de sus esfuerzos lo consigue el iniciado acercándose al reconocimiento del Principio de Omnipotencia, expresado en el sentido de la Palabra que es el nombre de dicha columna y que, como dijimos, significa: “En él la Fuerza”.
En otras palabras, el Aprendiz progresa, y en este progreso recibe la compensación de sus esfuerzos, según se acerca, como fin de sus estudios y deducciones, a este reconocimiento vital que realiza el primer deber de su testamento; es decir, en la medida de la Fe que desarrolla en el Principio de Vida y en su poder, como columna o sostén de su vida individual.
El progreso del Aprendiz está caracterizado por el desarrollo de esta Fe y confianza en el Principio Espiritual de la Vida, en el cual tenemos nuestro origen, que nos ha creado o manifestado (como distintas expresiones individualizadas de su Ser o Realidad, divididas y separadas en la apariencia, pero íntimamente unidas e inseparables en esencia y realidad), que continuamente nos sostiene, nos guía y nos dirige hacia el desarrollo y la expresión de las más elevadas posibilidades que todavía se encuentran en estado latente en nuestro ser.
Esta fe, propia de quien se ha iniciado en el conocimiento de lo Real que se esconde detrás de la apariencia exterior o visible de las cosas –y que no es fe ciega, en cuanto se basa sobre la propia conciencia de la realidad-, es algo desconocido para el profano, esclavo de la ilusión de los sentidos, quien confunde la apariencia con la realidad, y no habiéndolo reconocido (por no haber podido ingresar en su conciencia), niega la existencia de un Principio Espiritual como Causa Inmanente y Trascendente de la realidad visible.
No puede lograrse este conocimiento, esta convicción que es un estado interior, sin el estudio, el trabajo y la perseverancia: es, pues, la Fe iluminada de que hablamos, un verdadero salario, fruto o resultado de largos y persistentes esfuerzos sobre el Camino de la Verdad, después de haberse despojado de todas las superficialidades, creencias positivas y negativas, errores y prejuicios del mundo profano.
Así establece el iniciado una relación iluminada con el Principio de Vida, cuya realidad ha reconocido en su conciencia, relación que tiene su base en el reconocimiento expresado por la misma Palabra Sagrada, que será de ahora en adelante una verdadera columna en la cual puede apoyarse con toda confianza y que lo sostiene en sus dudas y vacilaciones.

2 comentarios:

  1. grax por la informacion me sirvio de muchO :D

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  2. se agradece Q.'.H.'. son mis primeros pasos. estoy ansioso por continuar... un T.'.A.'.F.'. a la distancia

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