EL “ARS STRUCTORIA”

ALGO LAVAGNINI

Entre todas las artes, la Arquitectura ha sido venerada y practicada en todos los tiempos como un arte especialmente divino. No debemos maravillarnos de la especial consideración en que siempre ha sido tenida, por estar la construcción material íntimamente relacionada con la forma exterior de toda civilización, de la cual puede considerarse al mismo tiempo como causa, medio, condición necesaria y expresión natural.
La casa representa el principio de la vida civil y no carece de razón, sin duda, el que la segunda letra del alfabeto hebraico (que constituye la inicial de la palabra sagrada del Aprendiz) signifique exactamente “casa”, derivando su forma del jeroglífico simbólico de la misma. La Casa representa así la primera letra o principio de la civilización, mientras su interpretación esotérica en relación con las demás letras de la Palabra nos da otro significado más propio para el Aprendiz, que estudiaremos más adelante.
Cuando los hombres tuvieron casas o abrigos protectores, y cuando los muros de las ciudades constituyeron para éstas la base de la seguridad, fue cuando pudieron desarrollarse las artes, las ciencias y las instituciones sociales.
Entonces, elevándose la atención y las aspiraciones de los hombres desde el reino de los efectos al de las causas, o desde la apariencia exterior a la realidad interior que en ella se esconde y la anima, fue cuando nació la idea y se sintió la necesidad de construir un Templo, de levantar un edificio o signo exterior del reconocimiento interior de la Causa Trascendente, de los efectos visibles.
Esta aspiración interior constituye el principio de toda iniciación, o ingreso en una manera superior de pensar, de ver y considerar las cosas. Por lo tanto, podemos decir que la Masonería tuvo tanto moral como materialmente el origen en el primer Templo que se levantó en reconocimiento de la Divinidad, y que el primer Masón fue quien lo levantó, a pesar de lo rudo y elemental que fuera este Templo primitivo, que bien pudo haber consistido en una sola columna, o tronco de piedra o de madera, cuya tradición fue perpetuada en seguida en los obeliscos.

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