COMO DEBEN RESOLVERSE LOS CONFLICTOS

ALDO LAVAGNINI

También en el campo industrial, comercial y económico, la Masonería hará que se extiendan aquellas benéficas ideas innovadoras que realicen una verdadera y mejor cooperación entre las diferentes clases e individuos interesados con el objeto de que cada cual se eleve sobre la visión estrecha y limitada de un egoísmo ilusorio, igualmente contrario al bien individual y colectivo, haciéndole reconocer que cada cual consigue su más real y mayor beneficio, cuánto más se preocupa de lo mejor y más útil para los demás y coopera con todos sus esfuerzos para lograr el Bien de la colectividad en general y de sus individuos en particular.

Así como antihumana y suicida, para la humanidad en su conjunto, es la lucha fratricida entre los pueblos, así igualmente antisocial es la llamada “lucha social” entre los dos términos complementarios más bien que antitéticos –porque son necesarios e indispensables, el uno para el otro-, de capital y trabajo, que más bien deberían considerarse, respectivamente, como el poder directivo y la capacidad productiva. La Ley verdadera de la vida, aún desde un punto de vista puramente biológico, y el factor principal del progreso individual como social, es pues, la Cooperación, en cuyo espíritu bien entendido no hay problema ni conflicto que no pueda resolverse constructivamente.

En espíritu de cooperación, puede, pues, resolverse de la manera más satisfactoria para ambos lados, y más útil para la sociedad, ese conflicto entre capital y trabajo que, en cualquiera de sus formas, aparece constantemente como una amenaza y una fuerza destructora del Bien y de la Riqueza individual y social: todo puede y debe componerse armónicamente y serenamente, en el espíritu de la solidaridad masónica y humana, por medio de una mejor comprensión y una mayor buena voluntad entre las partes en conflicto y en contra de sus mutuos intereses.

De esta manera se hallarán igualmente resueltos los problemas del paro forzoso, originado por una pretendida escasez de trabajo, de la superproducción y de la desocupación dado que en realidad la Sociedad necesita la cooperación de todos los miembros que la integran, y lo que hace falta es una mejor comprensión de esta necesidad, esforzándose los que puedan en dar trabajo a todos los que lo necesitan, cooperando igualmente a su propio interés y al bien de la Sociedad, la cual recibirá el doble beneficio de la utilidad de muchos de sus miembros forzosamente inactivos, que en vez de ser para los demás una carga y una fuente de dificultades, se harán cooperadores en la riqueza, prosperidad y bienestar de todos.

Esto disminuirá, por consiguiente, la necesidad de Instituciones y Obras de Beneficencia y hará más útiles y eficientes las que existen. Pues aunque los masones particularmente y la Sociedad en general, tengan el deber de cooperar para la ayuda y el sostén de los que se hallen desprovistos de lo necesario, el cumplimiento más efectivo de este deber no consiste en obras piadosas que, al ofrecer un remedio, sirven muchas veces para extender el mal que precisamente desean combatir; sino en encauzar hacia una actividad constructiva a los individuos que necesiten una ayuda y a las mismas Instituciones de Beneficencia, cuya principal finalidad debería ser la de educar para el trabajo y procurarlo.

Finalmente debe cesar la lucha y la oposición entre la Masonería y la Religión, que ha sido una lamentable prerrogativa de los países dominados por el catolicismo, y que tiene su origen en una fundamental incomprensión. Ya que, más bien que ser opuestas y antagónicas en sus finalidades. Masonería y Religión están hechas para compenetrarse, cooperar y beneficiarse mutuamente, pues la Verdadera Masonería y la Verdadera Religión forman ambas los dos aspectos inseparables de una misma cosa, las dos columnas igualmente necesarias del Templo Espiritual de la Humanidad.

Que cesen por ambos lados los ataques y las calumnias y que, elevándose y comprendiéndose recíprocamente, se unan fraternalmente en su finalidad común, cooperando igualmente en el Nombre, a la Gloria y bajo los Auspicios de un mismo Ser y Poder Supremo, en cuyo Infinito Amor hay lugar para todos cuantos laboran con desinterés por sus Ideales, que son todos indistintamente sus hijos, y por ende hermanos.

El hombre de Fe sincera, sea Masón o miembro fiel de una determinada confesión religiosa (y especialmente si reúne en sí las dos cualidades), será siempre un fiel y deseable Compañero para sus hermanos, practicando la Masonería con fervor religioso y realizando en la Religión su finalidad masónica o constructiva.

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