APLICACION MORAL Y OPERATIVA DE LA DOCTRINA SIMBOLICA DEL GRADO DE COMPAÑERO

ALDO LAVAGNINI

El grado de Compañero es un grado esencialmente operativo en cuanto se refiere a la Religión del Trabajo, de una manera más especial que los otros grados, indicando la necesidad de aquél para todo ser humano, como condición indispensable y medio de su progreso.

El Aprendiz tiene que aprender con el fin de efectuar un trabajo útil, efectivo y constructivo. Sólo cuando sabe trabajar puede esperar que se le admita en el segundo grado y se le reconozca como Obrero del Progreso y de la Libertad y por ende compañero de todos los que, como él, trabajan por la Gloria del Gran Arquitecto, o sea en armonía con sus planes (los que se esfuerzan reconocer íntimamente) para llevar a cabo la Gran Obra de Construcción Individual y Social que constituye el objeto de nuestra Orden.

Los Masones no son, pues, filósofos que se pierden en absurdas disquisiciones, y en estériles utopías: para el verdadero masón, todo estudio debe tener un fin eminentemente práctico y constructivo, todo Ideal un valor vital y operativo que debe realizarse con su aplicación. Este esfuerzo de aplicar y realizar el Ideal en la vida práctica es la característica y el objeto fundamental del grado de Compañero, como lo muestra su propio signo de reconocimiento.

Nunca se convertirá el Compañero en Maestro, en el verdadero sentido de la palabra, hasta que no se haya hecho digno de esta sublime calificación por sus propios esfuerzos y eficiencia en el trabajo, como resultado de su actividad y de sus estudios, habiendo adquirido la experiencia y las capacidades que sólo pueden conducirlo hacia adelante y hacer de él algo más que un compañero: el primero entre sus iguales, que sabe instruirlos y dirigirlos por su comprensión más profunda y elevada.

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