Los Altos Grados

OSWALD WIRTH

La Maestría es una cumbre, término fatal de toda ascensión: el que se siente Maestro no tiene nada más que ambicionar. Pero no todos los que han desempeñado el rol de Hiram se han penetrado del espíritu del rito. Ellos han soportado pasivamente un ceremonial al cual no se liga ninguna gracia santificante, tanto que, no habiendo sabido poner en ello nada de su parte, han permanecido después lo mismo que eran antes. Sobre más de tres millones de Masones que enarbolan las insignias del tercer grado ¿Cuántos adeptos se encuentran que posean, aunque no sea sino un humildísimo comienzo de Maestría?. ¿Cuántas Logias están en su justo derecho de decirse “Justas y Perfectas”, basándose en el hecho de que los tres que las dirigen son Maestros efectivos?.
Toda la Masonería llamada simbólica no es ¡ay! sino el símbolo de lo que debería ser realmente. Se ha apercibido esto, en el siglo XVIII, desde que la Masonería actual hubo tomado alguna extensión. Constatando que los que se decían Maestros no lo eran, los que creían serlo en cierta medida sintieron la necesidad de desarrollar la Maestría en talleres fundados especialmente para este efecto.
Es así como una mejor selección debía ser realizada por los Maestros Escoceses que surgieron hacia 1740 con la ambición de formar en un 4o. grado, que hacía falta en las Logias azules, los Maestros efectivos. El rojo sería en lo sucesivo el color de los talleres superiores.
Pero como el 4o. grado no fue más feliz prácticamente que el 3o., hubo bien pronto puja en la multiplicación de los grados.
¿Por qué habría de detenerse en 4 cuando 7 es un número mucho más prestigioso?. En la excelente intención de perfeccionar la Masonería y de realizar la verdadera Maestría, numerosos ritualistas se pusieron a la obra y combinaron jerarquía de grados, por decirlo así, hasta el infinito.
Todos los autores que han profundizado el ternario fundamental de la Masonería, han condenado con severidad la “embriaguez de los altos grados”, elucubraciones fantásticas que no contribuyen sino a extraviar el espíritu y a hacer conocer mal al Masonismo puro.
Esta crítica es ampliamente justificada, porque si el ritual de los tres grados llamados “simbólicos” lleva visiblemente la marca de los Maestros, nada, por el contrario, es menos magistral que el simbolismo de los grados llamados “filosóficos”. Todo siente ahí la falsificación penosa, y la idea iniciática no se traduce en ninguna parte en síntesis luminosa.
Si no han estado felizmente inspirados, no es preciso, sin embargo, arrojar la primera piedra a los inventores de los grados altos. Ellos perseguían el ideal de la verdadera Maestría y, si han tomado un camino falso, buscando el gran Arcano, sus tentativas infructuosas permanecen meritorias y sus errores son instructivos.
Todos los sistemas supra-masónicos del siglo XVIII, se han fundido finalmente en los 30 grados que el Rito Escocés superpone al ternario primitivo. Históricamente esta jerarquía presenta un incontestable interés; ha tomado, por otra parte, una importancia particular desde el punto de vista internacional, puesto que los Supremos Consejos Confederados realizan en su dominio propio la universalidad masónica que es la piedra de escándalo de la Masonería azul.
Se dan encontrado, además, entre los H∴ H∴ de altos grados, Masones de una vasta erudición que se han esforzado en sacar el mejor partido posible de los grados que ellos no habían inventado. Nada más justo es rendir homenaje, a este respecto al H∴ Alberto Pike, que fue Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo por la Jurisdicción Sud de los Estados Unidos de 1859 a 1891. Escritor de gran talento este H∴ quiso espiritualizar el Escocismo, agregando a cada grado una profunda enseñanza iniciática, desarrollada en una sabia obra titulada “Moral and Dogma”. No se le puede reprochar sino el haberse dejado deslumbrar por los treinta grados considerados como superiores, y de haber así desdeñado profundizar los fundamentos mismos de la Franc-Masonería.
Los altos grados han tenido, en efecto, el gravísimo inconveniente de desviar a muchos Masones del estudio perseverante de la síntesis ternaria primordial. kn eso han sido perjudiciales y caen bajo el peso de la requisitoria de historiadores tales como Findel.
Pero, gracias a numerosos H∴ H∴ esclarecidos, se ha operado una evolución en el seno del Escocismo, quien renunciando a pretensiones injustificadas, ya no se esfuerza, en Francia, en Suiza y en Bélgica, por lo menos, sino en volver a tomar el programa iniciático de los tres primeros grados.

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