La Prueba del Futuro Maestro

OSWALD WIRTH

Exactamente informado del crimen de los malos Compañeros, el candidato a la maestría constata el resultado de un complot en el cual habría podido estar complicado sin saberlo, los obreros fieles se lamentan ante el cadáver del Maestro poseedor de los secretos del Arte.
¿Está cierto el postulante de no haber transigido jamás, con los espíritus superficiales, siempre prontos a condenar lo que no comprenden y querer suprimir lo que no cuadra con su lógica de miopes?. ¿Se ha mostrado bastante respetuoso hacia la tradición masónica personificada por Hiram, para no asociarse a las críticas desconsideradas, formuladas respecto a usos que se pretende ridículos o por lo menos pasados de moda?. ¿No ha participado en nada de la mentalidad que hizo caer sobre el Maestro la pesada Regla del primer asesino?.
Por otra parte, ¿El Compañero no se reprocha el haberse mostrado intolerante y haber tomado odio a sus contradictores, sospechando de su buena fe?. ¿Ha admitido que se pueda pensar y aún obrar de otro modo que él?. ¿Habría compartido de la estrechez de sentimientos del miserable que se dirigió al corazón de Hiram, magullándolo con la ayuda de una Escuadra de fierro?. Además, ¿Hasta qué punto coloca el postulante el olvido de sí mismo?. ¿No desea ser Maestro sino a fin de servir mejor a los otros?. ¿Está pronto a desinteresarse por su propia persona o siente la fascinación de algún espejismo vanidoso?. ¿Estará estimulado por el orgullo de mandar y de brillar en un puesto eminente?. ¿No ha alargado jamás la mano hacia el Mallete fatal que consumó la muerte de Hiram?.
Si se siente con el corazón puro, el futuro Maestro, sin temblar de horror, debe pasar por encima del cadáver extendido a sus pies. Partiendo de la cabeza que debe rodear, franquea el pecho, colocando el pie derecho contra el brazo derecho del muerto. El pie izquierdo ejecuta en seguida el mismo movimiento, pero sin posarse lo prosigue describiendo un arco por encima del abdomen para posarse contra la pierna izquierda. El pie derecho se reúne en el acto al izquierdo, pero no se posa sino delante del pie derecho del cadáver, donde viene a colocarse inmediatamente el pie izquierdo, formando con él una escuadra oblicua.
Después que esta marcha se ha ejecutado, el Compañero deja caer su brazo izquierdo que levantaba hacia el cielo doblado en ángulo recto. De la región del corazón desciende al mismo tiempo su mano derecha hacia la ingle izquierda, declarándose, por esta nueva actitud, pronto a arrancarse los intestinos antes que faltar a sus obligaciones de Maestro.
Helo aquí digno, en efecto, de ser elevado a la Maestría, porque el cadáver está detrás de él. Ha medido la inutilidad de las cosas corruptibles y perecederas, para desprenderse de ellas sin ignorarlas, porque el Maestro no es un asceta que huye de la materia, bajo pretexto de refugiarse en lo espiritual. Sin duda poniéndose al orden, afirma haber renunciado a todo lo que es inferior. Nada de lo que bulle sordamente en él de instintos brutales mal sofocados, supervivencias de un atavismo lejano podría influenciarlo. No es Maestro si no domina todo lo que amenaza esclavizarlo. Ya como Aprendiz ha sabido contener sus pasiones a fin de razonar con una estricta imparcialidad. Hecho Compañero, se ha dedicado a domar el león rugiente que lleva en su pecho, imitando a su mejor modo al héroe Caldeo Gilgamés quien, más avezado que Hércules, se guarda bien de matar al animal, símbolo de una fuerza que el iniciado debe saber someter a su voluntad. Para conquistar la Maestría es preciso concluir de entrar en posesión absoluta de sí, hasta el punto de refrenar hasta los apetitos legítimos, sacrificando todas las satisfacciones personales al supremo ideal del bien general y del progreso universal.
Pero nadie se eleva si no consiente en abatirse. Lo mismo que sólo una muerte voluntaria permite al profano renacer a la vida superior de la Iniciación, es preciso morir una segunda vez para conquistar las prerrogativas de los Maestros inmortales.
Rendidas sus pruebas, el nuevo Maestro es, pues, identificado con Hiram por el hecho de que es golpeado, a su vez, con la Regla, la Escuadra y el Mallete en las mismas condiciones que el arquitecto del templo. Como éste es tumbado en el suelo y toma el sitio de su cadáver, encontrándose ligada en lo sucesivo su suerte, en todas las cosas a la del Maestro desaparecido15 .

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