El Cuaternario

OSWALD WIRTH

La cuádruple purificación sufrida por el iniciado debe enseñarle a vencer las atracciones elementales. Estas se ejercen oponiéndose dos a dos. Se hace corresponder la primera a la Tierra, que simboliza la pesadez, la oportunidad, el positivismo material, la inercia, etc. Esta tendencia a lo bajo es combatida por la tendencia a lo alto, figurada por el Aire, elemento liviano sutil, transparente, pero inconsistente y difícil de tomar.
El Agua llena lo que está vacío; así la idea de una materia universal que se pliega a todas las formas. Ella busca, además el reposo, la horizontalidad; calma, apaga, de ahí la tendencia a la languidez ya la pereza que se le atribuye.
A su pasividad, a su indiferencia, a su frialdad, se opone el Fuego, cuya actividad estimula todas las energías. Moderado, vivifica, pero muy violento, seca y mata.
El Iniciado debe mantenerse al centro de la cruz cuyas extremidades corresponden a los términos del cuaternario.
Los pitagóricos explicaban por la Tétrada los misterios de la creación y la Biblia representa al Ser de los seres por un hierograma de cuatro letras: palabra sagrada que no debía ser pronunciada.
Estas explicaciones deben ser aquí suficientes porque el estudio más profundo del Cuaternario entra en el programa del grado de Compañero.

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