El Binario

OSWALD WIRTH

Nosotros no podemos comprender, es decir, tomar mentalmente sino lo que da asidero a nuestras facultades intelectuales, pero éstas no pueden alcanzar el Ser en su unidad radical. El infinito escapa a nuestra razón que tiende a inclinarse ante las verdades trascendentales reconociendo su importancia (El candidato se inclina hasta el suelo al franquear el umbral del Templo). No percibimos un objeto sino cuando se diferencia de su medio ambiente. La diferenciación es, pues, indispensable al conocimiento y esto es lo que hace de el Dos el número de la ciencia. En el simbolismo antiguo estaba ésta representada por una mujer sentada entre dos columnas, imagen del Binario en sus diferentes aspectos.
Esta mujer es negra, para indicar el carácter misterioso y secreto de la ciencia antigua. Sus manos hacen el signo de esoterismo (lo que es interior, inaccesible a los sentidos y de orden puramente inteligible). La mano derecha está dirigida hacia el cielo, la izquierda hacia la tierra. Eso significa: “Lo que está arriba es como lo que está abajo”. Es el principio de la analogía universal, base de la interpretación de todos los simbolismos. De las dos columnas, una es roja (B) y la otra es blanca (J). Ellas corresponden a las antítesis siguientes:

Sujeto - Objeto Actuar - Imaginación
Agente - Paciente Razón - Sentir
Activo - Pasivo Inventar - Comprender
Positivo - Negativo Mandar - Obedecer
Macho - Hembra Movimiento -Reposo
Padre - Madre Espíritu - Materia
Dar - Recibir Osiris - Isis
Crear - Producir Sol - Luna
Desarrollar - Conservador Abstracto - Concreto

Las columnas simbólicas recuerdan los obeliscos cubiertos de hieroglíficos que se elevaban delante de los templos egipcios. Se les vuelve a encontrar en las dos torres del portal de las catedrales góticas.
Son las columnas de Hércules que marcan los límites que limitan el espíritu humano. Este dominio de lo que nos es conocido tiene por imagen el velo de Isis, tendido de una columna a otra. Este velo nos impide ver la verdadera Realidad, que se encierra en los misterios de la Unidad.
Nosotros atribuiremos una objetividad engañadora a las cualidades contrarias que atribuimos a las cosas. Así somos el juguete de Maya, la diosa de la Ilusión, que nos tiene fascinados con el hechizo de sus encantos.
Para sustraerse al imperio de la eterna maga, el pensador no debe dar sino un valor meramente relativo a las entidades antagónicas que imaginamos, tanto por un atraso del lenguaje como del pensamiento. Lo Verdadero ylo Falso, el Bien y el Mal, lo Bello ylo Feo, etc., se refieren a extremos que sólo existen en nuestro espíritu. Son los límites ficticios del mundo que conocemos, pequeño jirón, porque nos seduce por los reflejos cambiantes de las sedas de que está tejido. Este velo, suspendido entre las columnas del Templo, oculta la entrada y debe ser levantado por el pensador que quiere entrar. El candidato a la iniciación lo deja tras de sí cuando ha pasado las pruebas y le ha sido acordada la luz. El Iniciado está entonces entre las dos columnas de pie sobre el mosaico que es uno: reunión de piedras blancas y negras. Estos colores contrarios nos enseñan cómo, en el dominio de las sensaciones, todo se compensa con rigurosa exactitud. Nuestras percepciones se pliegan a la ley de los contrastes. No disfrutamos del reposo sino porque él repara una fatiga; apreciamos el placer comparándolo con el dolor que nos es conocido; el goce es proporcionado a la pena o a la ansiedad que lo ha precedido; el error manifiesta la verdad; el bien nos atrae en la exacta medida en que nos repugna el mal; lo bello nos place en proporción del horror que nos inspira lo feo; la luz no se concibe sino en oposición a las tinieblas y la dicha no se gusta sino cuando nos salva del infortunio.

Isis.— Diosa del misterio. Está sentada sobre la piedra cúbica y enseña a adivinar lo que está oculto.

La existencia no adquiere valor sino por la lucha contra las dificultades que hay que vencer. El goce no reside sino en el triunfo.
La vida resulta de un perpetuo conflicto; la oposición engendra todas las cosas, como la rebelión contra el individuo, porque es preciso sublevarse para ser. Tal es el sentido del mito de la caída de Adán. Un poco de iniciativa individual no se constituye sino bajo la inspiración del egoísmo radical (Serpiente del Génesis) que incita al automatismo fisiológico a hacerse corriente y a querer ser semejante a “El los Dioses” CAE lohin) conociendo el bien y el mal”.

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