LOS CONTRUCTORES - FORT NEWTON

FORT NEWTON - La Religión de la Masonería


CAPITULO II

LOS CONSTRUCTORES

I

Según ya dijimos, no es nuestro propósito tratar de la actitud de la Masonería respecto de las religiones confesionales eclesiásticamente organizadas, sino el de estudiar nuestra Orden como expresión por sí misma de esperanza, vida y fe religiosa.
Si la Religión, según la hemos interpretado, es una amplia solidaridad, un sentimiento de la esencial unidad de toda vida, en la que todos los hombres estamos ligados al deber y al servicio, entonces la Masonería es una de las múltiples manifestaciones de la Religión así consideradas; es una parte de la espiritual experiencia de la humanidad y un aspecto de la Vida divina en la tierra.
Así es que para conocer el genuino significado de la Masonería, debe estudiarse en el contexto de la historia espiritual de la humanidad, de la que es peculiar y significativo aspecto. De lo contrario, no sólo fuera la Masonería un misterio sino un enigma tan ininteligible como si fuese obra de hombres de otro planeta, sin lugar en nuestra apreciación de los valores espirituales de la humanidad.
En esto consiste el mérito de la obra de Arthur Edgard Waite a cuya clarividencia y copiosa erudición han de estar agradecidos cuantos estudian la Masonería (1) pues ve que la vida espiritual de la humanidad es una indagación y una conquista, cualquiera que sea la forma que asuma o el ritual de que se valga, y la Masonería es uno de los tres magnos rituales en que el hombre trató de sorprender artísticamente y encarnar experimentalmente el misterio y verdadero significado de la vida (2).
La intuición de la unidad de la vida espiritual en todas las almas enlaza todas las cosas y nos infunde una muy amplia tolerancia, una paciente simpatía y una clara comprensión de cada una de las modalidades que la indagación de Dios ha tomado, tanto en los países cristianos como en los llamados paganos.
No quiere esto decir que todas las formas de fe sean igualmente profundas, estén en un mismo nivel de desenvolvimiento y tengan el mismo valor para guiar la conducta humana; ni mucho menos significa negar la realidad de la revelación, en el libro de la Santa Ley, de la ley moral y de la verdad espiritual que ilumina nuestro sendero como lámpara guiadora de nuestros pies. Quiere decir que nos ayudará a ver y comprender cómo y por qué en respuesta a los esfuerzos del hombre, todavía se le revelan la verdad y la justicia; que realizará nuestras aspiraciones y nuestros sueños espirituales; que nos dará a entender que aunque las religiones son muchas, no hay más que una sola Religión; la vida de Dios en la vida del hombre, como ya sabemos que dijo Henry Scrougall, muerto en la flor de su edad.
Si no acertamos a observar la Masonería desde este tradicional punto de vista, no podremos ver su real belleza e infinita sugestividad ni comprender su admirable simbolismo.
La Masonería es única tanto por las verdades que enseña y la experiencia que aspira a realizar, como por el espíritu y el método con que nos conduce a la magna finalidad de la vida, a algo inefable y memorable que los entendidos entrevén en lontananza. Mantiene la Masonería un sencillo y profundísimo secreto, para cuya revelación no existen palabras apropiadas, y que sólo cabe insinuar en símbolos y dramas. Por esto la Masonería nos habla en parábolas y mitos primievales.

II

Por lo tanto ¿qué es la Masonería?. Al escuchar esta pregunta pensamos en la respuesta que dio San Agustín a otra pregunta análoga, diciendo: “Lo sabía hasta que me lo preguntaste; pero en cuanto me lo has preguntado, ya no lo sé”.
Hay en la Masonería algo único, un lazo diferente de todos los demás lazos, que une a los hombres de toda categoría, tipo y temperamento en estrecha confraternidad. Es algo a la par tierno y profundo (y podríamos llamarlo místico si no se hubiese abusado tanto de esta palabra) que todos sentimos y ninguno puede ni cuida de analizar.
Nos sentamos en la Logia, sabiendo cada cual exactamente lo que ha de hacer; según los antiguos, sencillos y familiares símbolos nos juntamos sobre el nivel y nos separamos sobre la escuadra; y sin embargo, nadie sabe como se entreteje un lazo tan sutil como el aire y tan firme como el acero. Es algo admirabilísimo, extraordinario, y pretender analizarlo sería lo mismo que si intentáramos trazar un cerco alrededor de un perfume (3).
No obstante, como quiera que hayamos emprendido la tarea de exponer como mejor podamos, algo del profundo significado de la Masonería, debemos intentar alguna especie de definición, o mejor dicho, una designación de su forma, espíritu y propósito. Acaso nos ayude a ello la enumeración de varias definiciones, ninguna exacta, como así lo reconocerían sus autores, cada uno de los cuales subrayó un aspecto o segmento del multilateral y frondoso significado de la Masonería; y todas las definiciones denotan de consumo a la par la necesidad y la futilidad de definirla.
Cada individuo ve en la Masonería lo más cercano a su propia naturaleza y necesidades, a su propio corazón y pensamiento; pero hay mucho más de lo que cada individuo ve, pues la Masonería con sus símbolos es un hermoso misterio que cada cual contempla desde su propio punto de vista, sin que nadie lo descubra por completo.

De A.G.Mackey:
La definición de la Masonería como “un sistema de moralidad velado en alegorías e ilustrado por símbolos”, se ha citado tantas veces, que resultaría pesada si no fuese por su hermosura, que denota su carácter interno. Las ceremonias son externas adiciones que no afectan a su esencia.

De M. M. Johnson:
La Masonería es una antigua sociedad masculina con secretos métodos de reconocimiento; enseñanzas simbólicas, en parte esotéricas; una filosofía moral basada en el monoteísmo que inculca la fraternidad entre los nombres y la creencia en la inmortalidad.

De A. C. L. Arnold:
Masonería es amistad, amor e integridad. Amistad que se sobrepone a las ficticias distinciones sociales, a los prejuicios de religión y a las condiciones económicas de la vida.
Amor sin límites ni tibiezas que no conoce desigualdades. Integridad que ataca al hombre a la eterna ley del deber.

De G. F. Moore:
Masonería es la ciencia de la vida en una sociedad de hombres, con signos, símbolos y ceremonias, que tiene por base un sistema de moralidad y por propósito el perfeccionamiento y dicha del individuo y de la humanidad.

De A. S. MacBride:
La palabra Masonería entraña en todas sus variantes conocidas, la idea de unidad. Desde este punto de vista parece que la Masonería es la conjunta construcción de varias unidades, como piedras, ladrillos, maderas, hierros o seres humanos en un compacto edificio. Cuando aplicamos este concepto a la Masonería simbólica, significamos la construcción moral de la humanidad en un simbólico edificio trazado de conformidad con un deliberado plan.

De R. W. Abbott:
La Masonería es el arte de la fraternidad humana; un código de revelaciones y leyes éticas que conmueven a todos los hombres por su pureza, justicia y fe, y ordena a sus miembros que extiendan la justicia a toda la humanidad, instruyéndolos en la amplitud de mente, firmeza en la rectitud y pureza de cuerpo y ánimo, e inculcándoles el amor a Dios, a la familia y a la patria y el respeto de los derechos del prójimo.

De Oscar Posner:
La vida separa a los hombres. Para unir a los hombres se necesita un arte. Un medio de este arte, no el arte mismo, es la Masonería. Por tanto, la Masonería es el medio de un arte que se esfuerza en unir a los hombres separados por la vida, a fin de que puedan entrar en una nueva comunión unos con otros.

De Albert Pike:
La Masonería es la subyugación de lo humano por lo divino en el hombre; el vencimiento de los apetitos y pasiones por la razón y el sentido moral; un contiguo esfuerzo, lucha y guerra de lo espiritual contra lo material y sensual. Cuando el luchador logra la victoria y coronado de laureles descansa sobre su escudo, goza del verdadero Santo Imperio.

De Germán Handbuch:
La Masonería es la actividad de hombres estrechamente unidos, que mediante formas simbólicas tomadas principalmente del arte de la construcción, trabajan en beneficio de la humanidad, procurando enaltecerse moralmente y enaltecer a los demás; y por tanto, llevan a cabo una liga universal de la humanidad, que ellos aspiran a formar aun ahora en corta escala.
Todas estas definiciones son más bien descripciones, excepto la primera, tomada del Libro de la Constitución; la segunda, que podría figurar en un tribunal de justicia; y la última, que nos capacita para llamarnos constructores.
Las demás definiciones son hermosas y verdaderas descripciones. La de Pike describe el propósito de cada denominación religiosa, el esfuerzo de que es capaz todo ser humano y en modo alguno exclusivo de la Masonería, a menos que la interpretemos como parte de la común aspiración espiritual de la humanidad, a pesar de su peculiar simbolismo.
Hace años traté de reunir las descripciones a las que puede añadirse la siguiente de

W. N. Pontón, Gran Maestre que fue de la Gran Logia de Ontario (Canadá):
“Digamos más bien que la Masonería, tal como la vemos en nuestros anhelos y tratamos de realizarla en nuestra fraternidad, es como una de las catedrales que nuestros hermanos construyeron en otro tiempo. La fe es su cimiento; la rectitud su piedra angular; la fortaleza y la sabiduría sus muros; la belleza su configuración: el amor fraternal sus arcos; la reverencia su techumbre; la Biblia su lámpara; el misticismo su órgano; la caridad su incienso, la fraternidad su sacramento; la beneficencia su ritual; sus símbolos los ventanales que a medias revelan y a medias ocultan una verdad insusceptible de palabras, demasiado amplia para encerrarla en dogmas, demasiado brillante para la vista ordinaria, y que sólo se nos insinuará cuando estemos preparados para contemplarla con más clara visión”.
“La Masonería no es un templo de Misterios ni un Depósito de Rituales ni un Reformatorio de delincuentes ni una Oficina de Asistencia Social, sino el dichoso, tranquilo, refinado e intelectual hogar de hombres de buena voluntad y recto criterio, de hermanos y no esclavos, de hombres de claro entendimiento y templado ánimo, de jóvenes y viejos que atraídos por una magnética afinidad de asociación se unen en un compañerismo muy superior a las multitudes gregarias. Son hombres que actúan en un mundo de moción y emoción, de aspiración y deliberado progreso; que llegan a conocerse íntimamente unos a otros en estrecha y familiar asociación, convencidos de que la fraternidad humana comienza con la completa virilidad del individuo”.
“Es una perfecta descripción de todas las cosas que sentimos, amamos y tratamos de expresar y que casi se expresan por sí mismas, infundiéndonos el gozo de su reconocimiento”.
“También describe perfectamente la atmósfera en que los masones viven y el gentil, gozoso y libre espíritu con que trabajan unidos por una magnética y creadora afinidad, buscando la verdad sin envidia, discutiéndola sin rencor y esforzándose en realizarla en su vida privada y en servicio de la sociedad. Porque la Masonería es Verdad, Caridad y Servicio. La Caridad sin la que nada valen los dogmas; la Verdad que jamás perjudicó a nadie; y el Servicio o práctica del bien, que es la más bella arte conocida entre los hombres”.

III

Por consiguiente, hay una antigua, sencilla, sabia y tan profunda como práctica Religión de la Masonería. Una Religión de fe, libertad y fraternidad, que acepta las verdades de fe y revelación, pero que deja que cada cual las interprete como su conciencia le dicte, para evitar discusiones que arriesgan degenerar en disputas con menoscabo de la vida religiosa.
La Religión de la Masonería no es una teología en el sentido eclesiástico de la palabra, ni una filosofía como la de Platón o la de Kant, sino más bien una sabiduría viviente, un moral misticismo práctico, digámoslo así, velado por alegorías e ilustrado con signos, símbolos y dramas.
Pueden aplicarse a los tres grados de la Masonería simbólica las palabras de Jesús: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. El camino de rectitud de conducta y justicia fraternal; la verdad de una ley moral y espiritual tan exacta como la geometría; y una vida eterna descubierta y vivida temporáneamente.
Recordemos que la Religión de la Masonería es sencilla y profunda, precisamente porque interpreta espiritualmente la vida y descansa sobre las mismas bases y está sujeta a las mismas pruebas que cualesquiera otras interpretaciones del significado de la vida, y como tal está expuesta a la negación de los escépticos y a la persecución de las fuerzas tenebrosas.
Así nos incumbe al menos afirmar la fe por la cual vivimos como hombres y masones en contra de los ciegos pensamientos y del agotador cinismo a cuyo toque se marchitan los más delicados valores de la vida como flores en la escarcha. No necesitamos dar razón de, nuestra fe, porque la profunda fe del hombre es más honda que la razón, es la base de la razón y tan profunda como las necesidades, la vida y la naturaleza del hombre.
La Masonería, como todo lo mejor de la vida del hombre, descansa en la fe, que la lógica no puede demostrar ni refutar, de que la vida tiene su valor y significado y que no es un accidente sin finalidad ni propósito. Esta sana y saludable fe nos muestra el valor de la vida y nos mueve a obrar de acuerdo con este valor.
No es una opinión que mantenemos sino una emoción que nos mantiene. “Es una afirmación y un acto que promete la realidad de las verdades eternas”.
Como chispas que ascienden hasta el sol, así esta alta y heroica fe del hombre se sobrepone a todas las negaciones y encuentra confirmación y consagración en Dios y en la divina ley de vida y amor. Nunca se ha expresado más notablemente esta verdad que en las palabras de Richard Hooker, una de las más claras mentalidades de su época, contemporáneo de Bacón y Shakespeare, que muerto a los 49 años de edad, nos legó un pasaje tan famoso por la alteza del pensamiento como por la majestad del estilo. Dice así:
“No podemos menos de reconocer la ley cuyo sitial es el seno de Dios y su voz la armonía del mundo. Todas las cosas del cielo y de la tierra le tributan homenaje; las mínimas reciben su cuidado y las máximas no se substraen a su poderío. Ángeles, hombres y toda criatura, por alta que sea su condición, cada cual a su manera admiran de consumo a la ley como madre de su paz y de su dicha”.
“La Masonería tiene la seguridad, atestiguada a la par por la experiencia humana y la revelación divina, de la existencia de un mundo espiritual, y de una moral universal cuyas leyes son tal reales y tan exactas como las leyes del mundo físico. Tiene la Masonería la seguridad de un vasto, potente, vivido y benéfico orden, más radiante que cuanto cabe imaginar, del que el simbolismo en las esparcidas letras de un alto lenguaje nos da indicios y vislumbres, hasta que el indagador de la realidad se reconoce a sí mismo y comprende. De otro modo, nuestro simbolismo de nada serviría, porque no tendría nada que simbolizar, y la vida fuera como un relámpago en las tinieblas que se desvanecería en el vacío. En protesta contra tan tenebrosa filosofía, nuestra fe masónica permanece inmutable, como un Templo que protectoramente cobija las cosas santas de la vida”.
La fe masónica puede exponerse brevemente con más pormenores, como sigue:
1o. La fe en el universo como campo de fraternidad.-La Masonería cree que el mundo en que vivimos, a pesar de los hechos en apariencia contradictorios, estuvo destinado desde un principio a la fraternidad. A primera vista no resulta así, porque la Naturaleza parece como si tuviese dientes y garras de fiera, sin preocuparse de los altos valores. A muchos les horroriza la aparente indiferencia de la Naturaleza respecto de los altos ideales del hombre, y parece fútil el anhelo de fraternidad en este mundo. En verdad que esta actitud de la Naturaleza es como un reto al valor del hombre; pero la Masonería admite el reto, y por temeraria que parezca su fe, afirma la posibilidad de hermanar a los hombres, pues contra la ley de la lucha por la existencia se opone a la ley del auxilio mutuo sin la que hace siglos hubiese perecido la humanidad. Lento pero seguro ha de ser el triunfo de la ley de amor fraternal sobre la de lucha egoísta. El hombre es parte de la Naturaleza, y como aspira ardientemente a la fraternidad, cree que el universo no está en contra de su fe (4).
2o. La fe en el ser espiritual del hombre. -El hombre es un animal, pero si no fuese otra cosa, la religión y la fraternidad serían fútiles ficciones y viviría según la ley de la manigua.
Pero el hombre es algo más que un animal, pues tiene “pensamientos que vibran a través de la eternidad”. Es ciudadano de dos mundos, y la gloria de su vida es vivir en dos mundos a un mismo tiempo. No es durable una fraternidad basada en la naturaleza inferior del hombre. Solamente un lazo espiritual puede hermanar a los hombres, pues ningún otro lazo es capaz de resistir la fuerza bruta de nosotros mismos y del mundo exterior. Todo otro lado es como cuerda de arena tan débil como el agua. La fraternidad se funda en la fe de la esencia espiritual y moral del hombre capaz de desinteresada amistad, abnegación y sacrificio.
3o. Fe en los ideales espirituales. -La fraternidad, según el concepto masónico, sería imposible si el hombre fuese juguete del destino, si sus altos ideales estuvieran supeditados a sus bajos instintos, si el interés egoísta fuese lo único que le moviera a luchar, sufrir, trabajar y servir. La historia del heroísmo humano refuta esta cínica filosofía. La devoción del hombre a los grandes y desinteresados ideales de libertad, justicia, misericordia y verdad es un abrumador testimonio de cuanto en él pueden las influencias espirituales. No pueden ser simplemente aspiraciones humanas; han de ser inspiraciones divinas que recibe el hombre en sus horas de calma y le inducen a más nobles resultados y le moldean de conformidad con un divino dechado.
Estos tres aspectos de la fe contienen las magnas afirmaciones de la Masonería religiosa: la Paternidad de Dios, la Fraternidad humana, la Geometría del carácter y la Vida perdurable.
IV
Tal es la fe sobre que edifica la Masonería, la fe que mantiene la vida superior del hombre, la fe que reúne en un solo haz los fluctuantes rayos de la antigua luz de la religión con los más brillantes de la revelación de la ley moral y de la verdad espiritual según resplandecen en el Libro de la Santa Ley.
Las tres luces de la Logia nos dan la pista de la Religión de la Masonería, de la Santa Biblia que sostiene la escuadra y el compás, símbolos de la revelación; la justicia y la redención, enseñándonos que si caminamos a la luz de la verdad y obedecemos la ley de justicia, nuestra naturaleza superior prevalecerá contra la inferior, lo celeste contra lo terreno; y así cielo y tierra se entrefunden en la Logia: la tierra donde el hombre prosigue su labor y el cielo a que aspira.
Ciertamente, la Religión de la Masonería es la Religión universal, la que puede unir a los hombres, pues sus principios son tan amplios como el mundo y tan altos como el firmamento. La naturaleza y la revelación se entrefunden en la fe masónica; su moral está arraigada en el orden del mundo, y su techumbre es la bóveda celeste. No olvidemos que la Logia, aunque como local de reunión tiene techo arquitectónico, representa en pintura el cielo estrellado, porque en realidad una Logia se reúne bajo la bóveda celeste, y de día la alumbra el sol y de noche las estrellas, de lo que proviene la influencia que exalta y ennoblece la vida humana (5).
Simbólicamente al menos no tiene más artesonado que el arqueado firmamento, y la tarea del hombre consiste en reflejar en su conducta la ley y el orden de la refulgente en lontananza ciudad de Dios.
El compás es el símbolo del aspecto celeste de la Masonería, y es el más espiritual de todos sus instrumentos de trabajo, cuyas dos puntas representan la ley natural y la ley revelada, y entre ambas nuestra vida está colocada bajo un pabellón de estrellas.
Aunque tenemos del mundo un concepto muy distinto del que tuvieron nuestros antiguos hermanos, pues sabemos que es redondo y no plano y cuadrado, todavía es verdadera su intuición respecto a que el hombre debe imitar el orden del mundo en que vive. Tal es también nuestro anhelo y propósito, nuestro culto y nuestra labor. Todo hombre tiene derecho a construirse una casa, pero si quiere que de abrigo le sirva ha de obedecer a ciertas leyes físicas al construirla. Si las obedece, quedará en firme su casa, pero no si las desobedece. Lo mismo sucede con las leyes morales que gobiernan la construcción del carácter. Si como dice Ruskin las leyes de la arquitectura son leyes morales, también son morales las leyes de la arquitectura espiritual. En resumen, la idea básica de la Masonería es que el orden moral, como el mundo físico, es un reino de ley, orden y belleza en el que la obeciencia es libertad y estabilidad.
Sobre este hecho levanta la Masonería su noble y hermoso emblema de la vida humana en todos sus aspectos. La Logia simboliza el mundo, arqueado por el firmamento, y en el centro un altar de promesa y plegaria. De la propia suerte, la iniciación es nuestro nacimiento de las tinieblas de la ignorancia a la luz de la fe moral y espiritual, de un ambiente con nuevos motivos y experiencias. El cable remolcador es como el cordón umbilical que une al feto con el cuerpo de la madre, y no se corta el cable hasta que al prestar la promesa de la vida moral, se teje un lazo invisible que une al iniciado con sus hermanos en el moral esfuerzo de construir un mundo de fraterna buena voluntad.
En el primer grado aprendemos la moral y la caridad, que siempre han de estar unidas; y si se nos juzga dignos, pasamos después al segundo grado, como si dijéramos de la juventud a la virilidad, con más amplio conocimiento y más graves responsabilidades; y finalmente, si somos íntegros y valerosos, descubrimos en el tercer grado que aunque vivimos en el tiempo somos ciudadanos de la eternidad. Así queda descrito en una elocuente alegoría de sublime sencillez, un mundo ideal regido por la sabiduría, la fortaleza y la fraternidad, en el que estamos para cumplir nuestro deber, construir nuestro carácter y vencer al destino (6).
Es un gran día para el neófito, cuando la Masonería le revela su significado, su plan de conducta, su propósito, su profecía de un Templo de la Fraternidad, en donde pueda el edificar su vida, sus pensamientos y aspiraciones,-que durarán lo qué el mundo dure.
En su forma moderna, la Masonería es un conjunto de simbolismos en el que confluyen tres corrientes de fe, por las cuales el hombre es constructor de un Templo, peregrino en busca de la perdida verdad, y si por su heroísmo lo merece hallará el sublime Secreto de Vida.
Primeramente es un constructor que desbasta las piedras arrancadas de la cantera del mundo y las labra en formas bellas según la voluntad y el designio de Dios, y en su nombre y con su auxilio, para construir en unión de sus hermanos, como los antiguos masones construían las catedrales.
Después es un peregrino que viaja desde Occidente, donde muere el Sol y es lugar de muerte, hacia Oriente, donde nace el Sol y es lugar de vida. Es la fatigosa y larga peregrinación del alma que todavía calza las sandalias de la naturaleza humana.
Finalmente halla aun en este mundo la vida eterna, y puede conocer el secreto mientras está en el oscuro sendero del mundo. ¡Oh alma mía! recuerda, lucha, persevera y regocíjate.
Decidme si en todo el mundo de los sabios y los poetas, de los pensadores y los filósofos habéis hallado una fe más profunda, un plan de vida más noble, una labor más exigente, una esperanza más consoladora. Uno piensa en el soneto en que Carl Claudy preguntaba a la Masonería cuál era su significado, y respondía a la pregunta en palabras que son un canto para nuestras almas, diciendo: ¿Qué tiene tu ciencia de la vida que le permite vivir?. ¿Qué vital destello se oculta en tus promesas?. Los millones de seres a quienes enseñaste según iban hollando tus amables senderos, conocen el secreto de la fuerza que les infundiste: Soy el camino que conduce a los hombres a Dios.

NOTAS AL CAPÍTULO II

(1) En mi obra Los Arquitectos parte I cap. 4 pagué tributo a la intuición y talento exegético del hermano Waite, quien desde entonces ha proseguido su acertada exposición de la vida espiritual de la humanidad en los libros muy valiosos para los peregrinos por el sendero de la iniciación. Además de The Brotherhood of the Rosy Cross, que es una maravilla de investigación en un difícil campo, ha publicado Emblematic Freemasonry, y The Way of Divine Union, su obra maestra y la mejor de cuantas se han escrito en nuestra época.
(2) Los tres magnos rituales de la humanidad son: el Prajapati del antiguo hinduismo; la Misa de la Iglesia Cristiana y el Tercer Grado de la Masonería Simbólica. Por mucho que difieran en sus pormenores y por dispares que parezcan externamente, los tres atestiguan a la profundísima intuición del alma humana, que si Dios llega a ser hombre, el hombre puede llegar a ser Dios. Cada uno de los tres rituales expresa el descubrimiento de la Divinidad en el hombre, como prueba y profecía de nuestra inmortalidad y eternidad en el tiempo.
(3) ¿Por qué ingresan los hombres en la Masonería?. ¿Qué señuelo los atrae?. ¿Qué hechizo los mantiene largos años en ella?. Como tenue cable remolca nuestros corazones, cuando tantos lazos desatan los rozamientos del mundo. ¿Preguntaremos qué es la Masonería a los animales salvajes?. ¿Qué secretos murmuran las montañas a los oídos del montañés tan calladamente que pueden escucharse sobre el estrépito y vocerío del mundo?. ¿Qué misterio revela el mar al marinero, el desierto al árabe, el hielo ártico al explorador y las estrellas al astrónomo?. Cuando hayamos respondido a estas preguntas quizá podamos adivinar el encanto de la Masonería. Quien sepa lo que es, el cómo y el porqué podría ser el cable remolcador de Dios entre los humanos corazones. (The Magic of Freemasonry por Arthur E. Powell.)
(4) En nuestros días conturba el ánimo de muchos pensadores el temor de que la Naturaleza se oponga a la realización de los altos ideales humanos, pues hay un aparente conflicto entre los nobles valores de la vida y la ordenación del mundo tal como nos la revelan las ciencias naturales, como si la Naturaleza no atendiera a lo más sagrado para el hombre. Se advierte este temor en las poesías de Tennyson y Arnold, por no citar otros, y se refleja en las dudas religiosas de nuestra generación. (Véase Science and the Modern World por A. N. Whitehead, cap. 5). Por el contrario, hay un cúmulo de hechos nunca mejor expuestos que por el príncipe Kropotkin en su obra: Mutual Aid que encuentra en el orden natural las raíces del amor, del sacrificio y de la justicia. Hay indicios de que dicho temor tan prevaleciente en el pasado siglo, se va desvaneciendo y llega una más clara y verdadera visión que nos muestra el mundo como una escuela experimental de penas y gozos, como la morada del velado Padre de los hombres.
(5) Una de las más hermosas características de la Masonería es que se vale de los más antiguos y sencillos hechos de la vida para enseñar su verdad y así influye tan íntima y profundamente en nuestro ánimo. Todo oficio relacionado directamente con la naturaleza,

como el de pastor, cazador, labriego y constructor, nos conmueve con ancestrales instintos y recuerdos y nos acerca a la poesía. Como dice Stevenson, el labrantío del suelo, el cuidado de un rebaño, la construcción de una casa, reciben el rocío de la mañana de la humanidad. Por la misma razón, el paso por un desierto, una techumbre resguardadora de la tempestad, un hogar lumbreante en la oscuridad, pueden conmover el corazón como símbolos de las necesidades y de la fraternidad humana.
Se ha descrito la vida con varias figuras de pensamiento: como una batalla, como un viaje, como una escuela, como una peregrinación, como la edificación de una casa; y la Masonería, con su instinto por las cosas antiguas y sencillas, nos exhorta a recordar que somos peregrinos en busca de una ciudad, que somos constructores y debemos echar firmemente los cimientos y comprobar nuestra obra con la escuadra y la plomada. Es la Masonería tan sencilla como sabia, y emplea emblemas tan profundos como familiares. En una palabra, la Masonería es una de las grandes Poesías del mundo. (The Magic of Freemasonry por Arthur E. Powell).
(6) Para más completa exposición de los tres grados, como pasos en el ascendente camino del desenvolvimiento humano, el primero moral, el segundo intelectual y el tercero espiritual, véase The Meaning of Masonry por W. L. Wilmshurst, especialmente los tres primeros capítulos en los que un sabio y benévolo instructor expone claramente el profundo simbolismo masónico. (Véase también Symbolism of the Three Degrees of Masonry por Oliver D. Street).
El hombre anda a tientas en las tinieblas de la ignorancia hasta llegar al Vestíbulo de la Ciencia, donde se le enseña a conocer las cosas por el testimonio de los sentidos, y adquiere la certeza nacida de la experimentación. De aquí, si tal merece, pasa el Vestíbulo de la Sabiduría en donde aprende el significado de las cosas e intuye la verdad por la delicada percepción mental. Finalmente si es valioso y perspicaz puede pasar al grado superior de la comprensión y ser un Maestro de compasión. ¿Qué es comprensión? Es el arte intuitivo de enlazar los hechos de la experimentación con las interpretaciones de la sabiduría para hallar la verdad, o sea la adaptación de las formas a la vida del espíritu (Initiation, por A. A. Bailey).
Así la iniciación es algo más que una ceremonia; es un empinado y áspero camino que debemos recorrer para conocer la verdad, y del cual los grados y dramas son tan sólo medios y símbolos. Es la iniciación un comienzo, como se infiere de la etimología de la palabra in ire (entrar) o lo que tanto monta, pasar de lo físico a lo espiritual, para lo que se necesita tiempo, paciencia, valor y disciplina.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada