"VIVIR PARA TRABAJAR"

ALDO LAVAGNINI

Vivir para trabajar he aquí el ideal característico y distintivo del Masón. Hacer de su vida el medio y la oportunidad para la realización de un Ideal superior, para una obra o actividad constructiva en beneficio de sus semejantes.

Buscar primero el trabajo o la obra por sí mismos, como una oportunidad para expresar, ejercer y desarrollar sus talentos en actividad útil para los demás, y en cuanto al salario esperarlo como "las cosas añadidas" al Reino de la Rectitud y del Principio Ideal en su conciencia y en sus pensamientos, palabras y acciones, con el firme reconocimiento de que "en El está la fuerza" y que, por ende, "El establecerá" todo lo que ha de ser establecido para la Perfección tanto interior como exterior de su Reino o Templo.

Constructor y Sacerdote de un Templo Ideal, Rey o rector responsable de un Reino de Justicia y Rectitud, el Compañero Masón nunca debe olvidar este glorioso privilegio, que lo convierte en artista de la inteligencia Universal, y en Obrero de la Libertad y del Progreso, cooperando con el mismo Gran Arquitecto, para la expresión de los planes que constituyen la Gran Obra Universal de la Creación.

Crear no tiene, pues, el sentido de producir ex-nihilo que le dieron etimológicamente los teólogos para justificar sus teorías, sino que significa fundamentalmente, "hacer, manifestar o expresar" (de la raíz indoeuropea KR, de donde viene el sánscrito karoti "hacer" y karma "acción") desde lo interior a lo exterior, desde el reino de la Realidad Invisible al de la Apariencia Visible.

En esta Obra o actividad creadora manifestada en todo el Universo, el Iniciado en los Misterios de la Construcción es a la vez intérprete y cooperador, según se deja guiar por el Ideal Constructivo que la Inteligencia Universal expresa directamente en él y que constituye su parte y responsabilidad en el Gran Plan de la Manifestación, que obra constantemente en todos los reinos de la vida material y moral, individual y social.

Todo individuo, así como toda la sociedad y el Universo en su conjunto, es un Templo levantado a la Gloria o expresión de dicha Inteligencia; y es privilegio del Masón ser cooperador consciente y voluntario de dicha Inteligencia, en vez de dejarse guiar por las ilusiones exteriores que lo harían esclavo de las consideraciones materiales, pronunciando sobre sí mismo la bíblica maldición que conduce a los hombres a "trabajar para vivir".

Vivir para trabajar, es hacer del trabajo una religión, un privilegio y una gloriosa oportunidad: he aquí, pues, el Magno Ideal que la Masonería revela a sus adeptos, como uno de los principales (y, tal vez, el más importante) de sus místicos secretos. Reconocer en el Trabajo la fuente de todos los bienes y el remedio para todos los males; un Manantial de paz, alegría y felicidad, objeto en lugar de ser medio necesario para la vida y un deber que pesa sobre el hombre vulgar como una maldición, ensalzándose y ennobleciéndolo en su cualidad de cooperación consciente, inteligente y voluntaria con el mismo Gran Arquitecto del Universo. He aquí el mérito más grande y la más sublime entre las finalidades de nuestra Augusta Institución.

El descanso, ya sea el descanso después del trabajo diario, como también el descanso apetecido de una vida ociosa, resultado de cierto número de años de actividad, cesa de ser para el masón una finalidad y se convierte en la consecuencia de su trabajo y el medio de reparar sus fuerzas y prepararse para un nuevo día de más iluminada, fecunda y elevada actividad, según el ejemplo del mismo Gran Arquitecto.

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