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LAS LETRAS DEL ALFABETO

ALDO LAVAGNINI

El estudio, el conocimiento de los tres primeros números, debe ser integrado y completado por el de las cinco primeras letras, que son las que especialmente se refieren al grado de Aprendiz. Este estudio es aquella gramática1 simbólica con la cual debe familiarizarse el adepto del primer grado.
Una vez conocidas las letras, le será posible combinarlas y relacionarlas mutuamente, por medio de la Lógica, y así leer las palabras que resulten de su combinación. Y con la experiencia adquirida en el estudio de la Lógica, adiestrarse en la Retórica, es decir, en el uso constructivo del Verbo Creador.
La primera letra del alfabeto muestra en su forma grecolatina los dos principios o Fuerzas Primordiales que parten del punto originario y forman el ángulo: la dualidad que expresa la Unidad y produce la manifestación ternaria; el triángulo que nace del ángulo, por medio de una línea horizontal –el tercer Principio o elemento- que une sus dos lados.
Como primera letra, así como por el simbolismo evidenciado en su forma, nos muestra el origen de todo y su progresiva manifestación: la involución o revelación del Espíritu en el reino de la forma y de la materia.
La forma hebraica de esta misma letra (cuyo nombre es alef, que significa “buey” y que tiene el valor numérico de uno) nos presenta en la línea oblicua central el primer Principio Unitario del que se manifiestan las dos Fuerzas o Principios, respectivamente ascendente y descendente, o sea centrífuga y centrípeta, masculina y femenina, representadas por las dos columnas. Es en sí mismo un signo de equilibrio, en cuanto muestra el dominio de los opuestos y la Armonía producida por su actividad coordenada. En su conjunto indica la triunidad, es decir la Trinidad manifestada por la Unidad.
La Letra B es una clara expresión de la dualidad de los dos Principios que evidencian la Ley de Polaridad; muestra la relación entre lo Superior y lo Inferior –el Cielo y la Tierra-, una relación dúplice: curvada y bien distinta en sus dos aspectos en el lado derecho (que corresponde a la involución o revelación del Espíritu en la materia), y derecha del otro lado (al lado ascendente que corresponde a la evolución del Espíritu expresado en la Materia). El lado derecho muestra el dominio del hombre, y la doble línea curva, el de la naturaleza.
La forma hebraica de esta letra (cuyo nombre beth significa “casa” y que tiene el valor numérico dos) patentiza igualmente esta relación entre lo Superior y lo Inferior –el Cielo y la Tierra-, relación descendente por un lado y abierta por el otro, símbolo de las posibilidades ascendentes que se hallan abiertas para el hombre, mediante el establecimiento de su relación con el Principio de la Vida.
Ya hemos hablado del significado de esta letra, en relación con las demás que forman la Palabra Sagrada.

La forma de la letra C es originariamente la de una escuadra, y como tal se presenta en los alfabetos fenicio, etrusco y griego (en donde tiene el nombre de gamma y el sonido de la letra G). Como tal, su significado primitivo es el del instrumento masónico de la rectitud. En cuanto a su forma latina, muestra un arco que podemos considerar emblemático de la tensión de las energías individuales para alcanzar un hito u objeto determinado. También representa el ciclo descendente de la involución, que debe completarse con la obra individual de ascensión evolutiva.
En el alfabeto hebraico esta letra toma el nombre de guimel (camello) y tiene el valor numérico tres. Se refiere al progreso vertical individual del hombre de abajo arriba, como lo muestra la pequeña línea ascendente que forma el pie de la figura.
El camello, conocido por su torpeza como por su docilidad y resistencia, muestra el cuerpo del hombre, que de obstáculo debe transformarse en instrumento dócil y resistente para la expresión de las posibilidades superiores de la vida. Este simbolismo encuentra en cierta manera una correspondencia en la forma egipcia de dicha letra, que representa el mandil, símbolo de la piel o cuerpo físico del hombre.
La letra D está representada por un triángulo en los alfabetos del cual derivó su forma latina. Este triángulo es el mismo delta, y con ese nombre se la conoce en el alfabeto griego.
Si bien difiere la forma (parecida a la precedente letra del alfabeto griego), su nombre en el alfabeto hebraico es el mismo de daleth, significando “puerta”, con el valor numérico cuatro. Muestra efectivamente uno de los lados o columnas que sostienen el arquitrabe y forman con el mismo la puerta. Representa el ingreso parcial o imperfecto del Aprendiz en la Verdad, habiendo reconocido únicamente uno de sus dos lados o aspectos.
En cuanto a la forma latina, cuyo valor numérico es 500, no nos es difícil ver en ellas igualmente una puerta con el arco; pero puesta horizontalmente.
La letra E necesita, para su interpretación, que la confrontemos con la forma fenicia primitiva de la cual deriva, y que damos juntamente con la grecolatina. Finge esta letra la forma de tres escuadras que se suceden en una misma línea, alusión indudable a los tres pasos de la Marcha del Aprendiz. También indica, en su forma grecolatina, los tres mundos o planos de existencia, a través de los cuales se manifiesta un mismo Principio de Vida (la línea vertical).
La letra hebraica he, que le corresponde con el valor numérico cinco –y cuyo nombre significa “agujero” o “ventanilla”- muestra el progreso realizado por las aspiraciones del Aprendiz en relación con la letra precedente, e indica claramente la senda que se le abre para reconocer y manifestar sus potencialidades latentes.

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