LA ESCUELA GNÓSTICA

LAVAGNINI ALDO

Directamente relacionada con la escuela ecléctica alejandrina, ha sido la tradición o escuela gnóstica del Cristianismo, considerada y perseguida después como herejía por la Iglesia de Roma.
El gnosticismo quiso conciliar y fundir hasta lo posible el cristianismo entonces naciente con las religiones y tradiciones iniciáticas más antiguas, sustituyendo al dogma (doctrina ortodoxa, de la cual se nos pide una aceptación incondicional como “acta de fe”) la gnosis (conocimiento o comprensión por medio de la cual se llega a la Doctrina Interior).
Según esta escuela, el Evangelio, a semejanza de todas las escrituras y enseñanzas religiosas, debe interpretarse en su sentido esotérico, es decir, como expresión simbólica y presentación dramática de Verdades espirituales.
El Cristo, más bien que una atribución personal de Jesús, sería el conocimiento o percepción espiritual de la Verdad que debe nacer y nace en todo iniciado, que se hace así su verdadero cristóforo o cristiano. El mismo Jesús sería también el nombre simbólico de este principio salvador del hombre, que lo conduce “del error a la Verdad y de la Muerte a la Resurrección”.
La misma Fe (pistis) se consideraba como medio para llegar a la Gnosis, más bien que la aceptación pasiva e incondicionada de alguna afirmación dogmática, presentada como una Verdad revelada.
A pesar de las interpolaciones posteriores, es cierto que el Evangelio, las Epístolas y el Apocalipsis de Juan revelan muy claramente un fundamento gnóstico (la misma doctrina o tradición gnóstica se decía instituida por los discípulos o secuaces de San Juan), y esta tradición gnóstica o juanítica representa en el Cristianismo el punto de contacto más directo con la Masonería.

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