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EL TRIÁNGULO

ALDO LAVAGNINI

El triángulo, la figura geométrica resultante de la unión de tres puntos por medio de tres líneas rectas, y más particularmente el triángulo equilátero o regular, cuyos tres lados y ángulos son iguales, ha sido siempre considerado como un símbolo de Perfección, Armonía y Sabiduría, y, por ende, de lo celestial y Divino.
Un triángulo equilátero es, en esencia, el Delta Luminoso que se encuentra al oriente en todas las Logias Masónicas. El ojo que se halla en su centro es el símbolo de la conciencia del ser que es el primero y fundamental atributo de la Realidad.
Nada mejor que este símbolo puede expresar la Realidad y su manifestación ternaria en los tres lados que lo constituyen y nada más apropiado para ponerse en aquel simbólico Oriente, en el cual únicamente la Realidad puede ser encontrada.

Desde el triángulo, que forma el Delta propiamente dicho, irradian en sus tres lados otros tantos grupos de rayos que se terminan en una corona de nubes.
Los rayos simbolizan la fuerza expansiva del Ser, que desde un punto central infinitesimal se extiende y llena el espacio infinito. Y las nubes indican la fuerza centrípeta, que se produce como reflujo natural de la primera, con movimiento de contracción que engendra la condensación de las fuerzas irradiadas.

Desde el Principio o Unitario del Ser (representado por el Delta) se manifiesta, pues, una doble corriente positiva y negativa, formada por los dos Principios, cuya actividad está relacionada y regulada por el ritmo que los une, como intermediario equilibrante.

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