MUSICA Y MASONERIA - MOZART


El camino iniciático recorrido por Wolfgang Amadeus Mozart (Salzburgo, 27 de enero de 1756-Viena, 5 de diciembre de 1791) estuvo bordeado de presencias alemanas más que austriaca y en el último decenio de su vida, transcurrido en Viena, provenientes de los territorios del Imperio Austriaco más que de la capital. El arzobispado de Salzburgo fue un principado independiente desde 1278 hasta 1803, con un gobierno eclesiástico, que entró a formar parte definitiva del territorio austriaco en 1816. En el ambiente de Salzburgo se podrían encontrar las raíces y las razones de una conducta que llevó al compositor cuando era menor de edad y aún no podía ser iniciado en la Orden a hacer incursiones en territorios que estaban reservados a personas maduras y afiliadas a la masonería. Las primeras logias en Salzburgo se constituyen en el transcurso de los años ochenta del siglo XVIII. De estas primeras logias poco se sabe con certeza, debiéndose tratar de modestos talleres pertenecientes a la secta de los Iluminados de Baviera y surgidas después de 1783. En este mismo año comienza sus trabajos la logia Zur Fürsicht (A la Prudencia) patrocinada por el conde, después arzobispo, Hieronymus Josephus Colloredo (1732-1812), último gobernador de este principado eclesiástico (1772-1803), que a despecho de sus cualidades intelectuales y morales y del papel que jugó en el desarrollo del movimiento iluminista del país, se mostraría hostil con Mozart. Fundador y primer gran maestro de esta logia, por voluntad de Colloredo, fue el canónigo de la catedral de Salzburgo (desde el 17 de noviembre de 1776), conde Friedrich Franz Joseph von Spaur (1756-1821). Para su ceremonia de consagración Mozart escribe la Missa Longa (K.262), en Do Mayor, para cuatro voces, orquesta y órgano. No parece probable, por la relación de las fechas, que Leopold Mozart (1719-1787), padre del compositor, fuese un miembro de la Orden y que hubiese inducido a su hijo para entrar en ella, pues consta su iniciación el 6 de abril de 1785 en la logia Zur Wohlthätigkeit (A la Beneficencia) unos meses después de su hijo. La primera aproximación documentada de Mozart con la Masonería se sitúa en su adolescencia durante la segunda estancia (de un año completo) en Viena. Se trata de un lied para canto y pianoforte —su primera incursión en el «Lied»— titulado An die Freude (A la Alegría) K.53 (1767), con texto del poeta masón Johann Peter Uz (1720-1796), que llegó a manos de Mozart a través del médico que le trató de viruela en otoño de ese año. Reproducimos la traducción de una de las estrofas:

Alegría, reina de los sabios,
que con la cabeza ceñida de rosas,
en liras doradas te cantan
impasibles cuando locura oprime:
desde tu trono escúchame,
hija de la sabiduría
que con sus propias manos siempre en tu corona
las rosas más bellas entrelazó.

La segunda cita de Mozart con experiencias ligadas al espíritu masónico, tiene lugar en 1772 en Salzburgo con un lied titulado O Heiliges Band (K. 148), Lobgesang auf die Feierliche Johannis-loge. Los versos son obra de Ludwig Friedrich Lenz (1717-1780) perteneciente a la logia Archimedes de Altenburg en Sajonia. El primer encuentro auténtico con los ambientes masónicos oficiales, se verificó cuando Mozart se hace cargo en 1773 de la composición de la música de escena del drama heroico en cinco actos Thamos, König von Aegypten (Thamos, Rey de Egipto) del barón Tobias Philipp von Gebler (1726-1786), miembro del Consejo de Estado Austriaco desde 1768, que en 1784 será Gran Maestro de la primera logia provincial austriaca Zun Neuen Bund (A la Nueva Alianza) y en 1786 será Venerable Maestro de la nueva logia Zur Neugekrönten Hoffnung (A la Recién Coronada Esperanza) fundada en enero del mismo año. El texto de Thamos fue ofrecido inicialmente a un músico aficionado (Johann Tobias Sattler), pero el resultado fue insatisfactorio. Se ofreció la revisión de la música a Gluck, y finalmente fue realizado por Mozart para dos coros (K.173). Con motivo de la representación de Thamos en Salzburgo, en diciembre de 1779, Mozart volvió sobre la música escrita en 1773, reelaborándola y creando nuevas piezas dentro de ella. Los seis años transcurridos entre las dos versiones, ponen en evidencia el cambio en la concepción dramática del músico, influenciado por los ambientes culturales de París y Mannheim (la corte Palatina del Sacro Imperio), hasta el punto de pretender innovar el teatro musical con tres tentativas: Semiramis (K.315 e), Thamos, König von Aegypten (K.336 a) y Zaide (K.336 b). En Mannheim entra en contacto con el barón Otto Gemmingen (1755-1836) que desempeña el cargo de tesorero en la corte Palatina y que fundará la logia vienesa Zur Wohlthätigkeit el 2 de febrero de 1783. Hombre de teatro, autor de comedias, dramas, traductor de Shakespeare, Diderot y Rousseau. Entusiasta de la música de cámara, tras conocer a Mozart quiso tener copia de algunas de sus composiciones para agrupación camerística, copia que Mozart realizó personalmente. Cuando en marzo de 1778 Wolfgang parte en compañía de su madre a París, el barón Gemmingen le aporta credenciales, recomendaciones y una carta para su fiel amigo el conde Sickigen, embajador palatino en la capital francesa de 1777 a 1791 y apasionado por la música. Es en la residencia de Sickigen donde nuestro compositor presenta la Sinfonía K.297. En el transcurso de su estancia en París (hasta septiembre de 1778), durante la cual falleció su madre, frecuentaba a los enciclopedistas y tuvo contactos con el mundo francmasónico, del cual formaban parte muchos ilustrados. Las dos principales sociedades de conciertos parisinas con las que tuvo contacto eran de inspiración masónica: Concerts des Amateurs y Concert Spirituel, dirigidas ambas por los masones Joseph Gossec y Jean Le Gros, respectivamente, y que acogían preferentemente la música de los afiliados a las logias. El 6 de noviembre de 1778 Mozart vuelve a su amada Mannheim, pensando poder ocupar un puesto fijo que le permita vivir con seguridad económica, pero desde allí, con fecha 12 de noviembre, escribe una carta a su padre rogándole no descuide «ese asunto en Salzburgo» y hable mucho de él, para que el Arzobispo (Colloredo) le ofrezca mejor salario: «¡el Arzobispo no podría pagarme bastante por la esclavitud de Salzburgo!». Aquí dejamos, por el momento, al compositor, de camino a Salzburgo y a su destino final, Viena, ciudad en la que recibirá la luz de la fraternidad masónica.

Articulo Publicado en la Revista La Acacia N 17 5/6/03

1 comentario:

  1. Muchas gracias por compartir conocimientos...

    un abrazo fraternal.

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