Los Superiores Desconocidos

OSWALD WIRTH

Los Superiores Desconocidos: Nacimiento -Vida -Muerte: este ternario corresponde a los tres grados simbólicos.
El Aprendiz se desenvuelve para nacer a una vida nueva: está en gestación y no verá luz sino al término de sus pruebas intra-uterinas, a continuación de un alumbramiento puesto en escena en ciertos misterios de la antigüedad.
El Compañero está provisto de útiles para vivir, dicho de otra manera, para obrar exteriormente, en vías de realizar un trabajo, en asociación con otra persona. En cuanto al Maestro, ha vivido adquiriendo experiencia, pero declina y debe prepararse para morir.
Los místicos, cuidadosos de llevar una vida superior se obligan a seguir tres vías sucesivas. La primera, llamada purgativa, tiende a la purificación moral (Aprendizaje); la segunda, que desenvuelve en el creyente la inteligencia de los misterios, está designada como iluminativa (Compañerismo); y la tercera, en el curso de la cual el querer individual se confunde con la voluntad divina, se hace por este hecho unitiva (Maestría).
Pero el ideal unitivo del religioso, sea un cristiano, musulmán o budista, tiende a una absorción más o menos aniquilante en Dios. Pero los Iniciados tendían a la apoteósis por semejanza a los dioses, considerados como inteligencias inmateriales, que gobiernan al mundo por encima de la humanidad que hormiguea en la superficie del globo. Es en este sentido en el que Pitágoras exhorta a sus discípulos a divinizarse: “Cuando en fin, dejando tu cuerpo aquí abajo, hayas tomado tu libre vuelo hacia el cielo, desde este momento imperecedero, serás un dios inmortal al abrigo de los golpes de la muerte”20 .
La inmortalidad pitagórica excluye, desde luego, todo reposo eterno y toda beatitud perezosa. Los dioses tienen su función en la vida universal: trabajan en un plano superior, porque si no trabajasen, perderían toda razón de ser y cesarían de existir. Hay solidaridad absoluta en lo que es, donde la vida no pertenece sino a lo que obra por el bien del conjunto. El egoísmo es un error que conduce necesariamente a la muerte, puesto que aísla de la vida universal, cuya corriente corta. En cuanto a la inacción, es sinónima de anonadamiento: el reposo definitivo equivale a la Nada. En estas condiciones no hay otro recurso, para hacerse inmortal, que asociarse a las potencias que rigen al mundo.
A este efecto, no es indispensable conocer a las potencias que los hombres se representan a su imagen, llamándolos dioses, espíritus o demonios.
Los Maestros ― porque así los designan los Iniciados ― se envuelven en un misterio impenetrable; permanecen invisibles detrás del espeso telón que nos separa del más allá.
Pero, si el velo no se levanta para nosotros, nos es permitido aproximarnos a él y entrar en relaciones con la fuente de nuestras más fecundas inspiraciones. Sepamos escuchar la voz de los Maestros que no desean sino instruirnos en el silencio y en el recogimiento21 .
No se trata en este caso de nigromancia o de evocación de los muertos, según los principios de la antigua magia o las prácticas corrientes del moderno espiritismo.
Lo que sobrevive de los muertos es su pensamiento, es el ideal al cual consagraron su vida. Nuestros Maestros son todos los mártires de la idea, los artesanos del progreso humano que existieron y han desaparecido. Entre ellos y nosotros que proseguimos su obra, se establecen misteriosas comunicaciones. Siempre escondidos, estimulan ocultamente nuestro pensamiento en la búsqueda constante de la Verdad y sostienen nuestra voluntad en la lucha incesante que nos está impuesta.
Cuando el Aprendiz se sumerge valerosamente en las tinieblas para buscar la luz, es un Maestro invisible el que lo guía de prueba en prueba, preservándolo del peligro. El Compañero no será ya guiado de la misma manera, porque él debe saber dirigirse por sí mismo, aprovechando la experiencia de sus mayores que se hacen para él los intérpretes de la sabiduría de los Maestros. Pero éstos, los verdaderos Maestros, ya no son obreros que tallan blocks y los ajustan en su lugar en el gran edificio: ellos no trabajan sino en los planos, es decir, intelectualmente, concibiendo lo que debe construirse. Estas son las Inteligencias constructivas del Mundo, potencias efectivas para los iniciados que entran en contacto con los Superiores Desconocidos de la tradición.

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