La Encíclica “Humanum Genus”

OSWALD WIRTH

En su Alocución solemne “Multiplices inter” del 25 de Septiembre de 1865, Pío IX había enumerado los actos por los cuales sus predecesores habían pretendido exterminar “esta sociedad perversa vulgarmente llamada Masonería”. Pero él constata con el corazón herido: “Estos esfuerzos del Trono Apostólico no han tenido el éxito que era de esperar”. La secta masónica no ha sido vencida ni destruída: por el contrario, ella se ha desarrollado de tal manera que en estos días tan difíciles se muestra en todas partes impunemente y levanta su frente con más audacia que nunca”. Con este nuevo anatema, la Masonería no se sintió peor. Pero como el Papado no puede resolverse a reconocer la inutilidad de sus fulminaciones vemos nuevamente aparecer, el 20 de abril de 1884, una larga instrucción de
S.S. León XIII.
El Papa toma por su cuenta a la Masonería y a lo que él llama el “naturalismo” por oposición al sobrenaturalismo revelado de la Iglesia. Aplica su elocuencia a refutar las doctrinas que atribuye a menudo gratuitamente a sus adversarios. Pero lo que sorprende en un Papa que se ha querido hacer pasar por hombre de genio, es que se haya hecho eco de los más ridículos cuentos. “Aquellos que están afiliados, dice, deben prometer obedecer ciegamente y sin discusión a las imposiciones de los jefes, de estar siempre listos, a la más pequeña notificación, al más ligero signo, para ejecutar las órdenes dadas sometiéndose desde luego en caso contrario, a los castigos más rigurosos, y aún a la muerte. De suerte, que no es raro que la pena capital sea infligida a aquellos que están convictos, sea de haber divulgado la disciplina secreta de la Sociedad, sea de haber resistido a las órdenes de los jefes y ésta se practica con tal destreza que, generalmente, el ejecutor de estas sentencias de muerte escapa a la justicia establecida para velar sobre los crímenes y castigarlos”.
¿Quién es en nuestros días el hombre de buen sentido que acepta todavía semejantes fábulas?. ¿Es admisible que se obre de buena fe cuando se hace eco de calumnias tan ridículas?. En todo caso, se comprende a los Masones del siglo XVIII que no tomaron en serio las excomuniones.

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